De cazador para cazadores

XXII - La prueba más dura : Badabag (Azerbayán)

4/9/09
Viaje vía Barcelona y Frankfurt hacia Bakú (Capital de Azerbaiyán). Mi propósito, es chequear una oferta muy completa y a precios competitivos de caza en Asia. Escojo el Tur en Azerbaiyán porque es de los trofeos más asequibles y porque la sede de la organización de caza que desean ser representada por nosotros tiene su sede en este país.

Debido a ataques terroristas en el sur de Rusia (limítrofe a nuestra prevista zona de caza), días antes de nuestra salida, la organización nos comunicó que nuestros permisos de importación de armas, habían sido pospuestos para un mes más tarde. Podíamos escoger entre retrasar la cacería o usar las armas de la organización. Optamos por la segunda solución.

El vuelo de Barcelona, sale con retraso, según el piloto, porque sobra una maleta. Yo creo que sospechan de un señor bastante moreno y de largas barbas al que a nuestra llegada a Frankfurt está esperando al policía al pié de la escalerilla del avión.
Gracias a lo sencillo que es moverse por este aeropuerto, llego a tiempo para coger el avión hacia Bakú.

En la puerta de embarque, me espera mi amigo Juanje que ha volado desde Bilbao.

En este vuelo, viaja un equipo de médicos venezolanos para un trabajo de una semana.

A nuestra llegada, pasan por rayos x el equipaje y descubren un gran cuchillo de montear que traigo como regalo al outfitter Emil. Por lo que parece, este tipo de artículos está prohibido. Los policías, son muy amables y tras varias llamadas, consiguen la autorización para entrarlo en el país.

Nos reunimos con Emil en el hotel Ambiance, donde tenemos habitación reservada. Pagamos el resto de la cacería y quedamos para mañana. A primera hora, saldremos hacia Babadag, la montaña más alta de las del Cáucaso Azerbaijano.





5/9/09
Al salir de la ciudad, y a la luz del sol, observamos que el paisaje es totalmente desértico, sin árboles ni ningún otro tipo de vegetación. Se lo comento a Emil y me responde: tranquilo, ya verás árboles.

Tras cuatro horas de sortear baches en una carretera en obras, llegamos a Derk, un pequeño pueblo de montaña donde el paisaje es totalmente distinto, poblado de árboles frutales, robles, hayas, etc. y con un común denominador, todo intensamente verde.
El pueblo me recuerda a los de la provincia de Teruel de hace cuarenta años. Sus habitantes, disponen de lo necesario, pero la vida es dura (sobretodo para las mujeres).

Esperamos al camión que nos ha de subir al campamento en el patio de la casa de Sacha. Nos invitan a tomar Çay (té) de la enorme tetera omnipresente en la vida de estas gentes.

Llega un camión de fabricación rusa y de procedencia militar. Es de doble tracción y va cargado de guías, vituallas, tiendas de campaña, material de construcción, etc. Los guías, llegan muy contentos y pese al ramadán, alguno lleva una “tajada” bastante regular.
Montamos en él, y por el cauce de un río, en muchas ocasiones metidos en el agua hasta la caja, subimos hacia Babadag. Es increíble como escala este pequeño camión cargado hasta los topes y rodando sobre el pedregal del lecho del río donde en la mayoría de las ocasiones, no hay ni pista marcada.

A mitad de camino, paramos a regular los rifles, un Dragunov y un Kalashnikof. Ambos con visor fijo de cuatro aumentos y munición militar. Pese a que no es a lo que estamos acostumbrados, tanto Juanje como yo, no hacemos mal papel.

Hacemos una nueva parada, esta vez en el refugio de la organización para dejar materiales de construcción y colchones.

Como el tiempo es estable y las temperaturas bastante agradables, subimos con el camión lo más alto que es posible, un prado donde acampan unos pastores a 2.000 mts de altura.
Montamos el campamento, cenamos y a dormir, mañana hay que subir a donde habitan los Tur, por encima de los 3.000 mts de altura.
Estoy preocupado, cuando veo lo que hay que trepar para llegar a nuestro destino, no me siento capaz de conseguirlo.
 






















6/9/09
Mientras preparo la mochila con el mínimo imprescindible, veo que llega el pastor con dos caballos. Uno de nosotros, puede subir por el camino más largo con el material del campamento volante. Juanje (que está mucho más entrenado que yo) decide que él subirá por el camino corto a pié. Le agradezco enormemente el gesto, yo no hubiera sido capaz de subir por dónde lo hizo él.

La subida a caballo, dura unas siete horas. Cuando el caballo tiene dificultades para trepar, desmonto y hago el camino a pié.
Paramos a mitad de camino para comer una lata de sardinas y un poco de queso entre cinco. Mientras estemos en las cumbres, la comida será muy escasa.
Durante el trayecto, veo cuatro Rebecos del Cáucaso y el primer grupo de Tur, una docena de animales que huyen porque nos han visto a más de un kilómetro.
Llegamos a nuestro destino, un prado barrido por el viento donde montamos la pequeña tienda de campaña que constituye nuestro campamento volante.

Dejamos los caballos pastando y nos vamos a recechar. Noto que a poco que camine, me falta el aire y el corazón se me acelera, es consecuencia del poco oxígeno que hay a esta altura.
Descubro un grupo de media docena de Tur. Cuando los estamos valorando, suena un solo tiro a nuestra espalda. Buena señal pienso, Juanje habrá hecho carne. Nos llaman por la emisora diciendo que debemos salir corriendo a cortar el paso a un grupo de Tur entre los que creen va uno que ha herido Juanje.
Llego con el corazón en la boca, veo un grupo muy numeroso de animales que bajan despendolados fuera de tiro y oigo varios disparos de los guías para rematar el Tur de Juanje. Lo han conseguido. Bien!!!
Se nos hecha la noche encima, cenamos un poco de mortadela, un par de pepinos y tomates para los cinco. Me meto en el saco de dormir y oigo que el pastor viene también a acostarse dentro de la tienda. Antes de amanecer, se pone a llover y vienen a la pequeña tienda el resto de la expedición. Lo cierto, es que esta buena gente, despide un fuerte olor a macho cabrío.















7/9/09
Salimos a cazar sin desayunar, cuando llevamos un buen trecho de subir y bajar riscos, nos llaman del grupo de Juanje que han descubierto una manada de tur de más de 100 ejemplares sesteando. Paramos a media mañana para desayunar pan con mantequilla y miel artesanales. Reiniciamos la marcha Roma, Selim y yo, Koja se marcha a cargar con la carne del Tur de Juanje y Azer, moverá el campamento con los caballos. El caminar por estas cumbres, se convierte en un suplicio para mí, en las subidas me falta el aire y en las bajadas me duelen las rodillas.
Estamos dando un rodeo para cortar la posible salida de los Tur que estaban sesteando. Bajando un pedregal de piedras sueltas, me caigo cuando se produce un pequeño alud. Me sangran mano y pierna pero sin consecuencias. Llego a donde me espera Roma con tiempo para ver que los Tur pasarán más bajos. Roma dice que me han visto. Lo que daría ahora por saber decir “vete a tomar por el c…” en azerbaijano!!!

Bajamos al valle donde Azer ha montado el campamento. En un prado en el que hay varias lagunas y un riachuelo. Lo primero que hago es lavarme en el mismo.

Llega Sacha con el Dragunov y comemos pepino, dos tomates y mortadela para los cinco.

Por la tarde, vamos a un punto querencioso a esperar a los Tur sin resultado. Al regresar al campamento, Sacha me propone matar él mi Tur garantizándome la discreción del grupo. Le agradezco su interés, pero le respondo que antes prefiero fracasar.

Hoy he visto unos Tetraos de alas blancas muy grandes y una becacina en el riachuelo.

Durante la espera, soplaba un viento muy frío y me he quedado helado, a las ocho me voy a dormir sin cenar. Han montado una segunda tienda y la mía solo la comparto con el pastor.










8/9/09
Amanece lloviendo y nevando a ratos. He mal dormido durante 12 horas. Me duele la espalda de dormir sobre el suelo.

Salen Roma y Sacha a buscar a los Tur y regresan con la noticia de que han descubierto un grupo muy numeroso en la ladera opuesta. Salimos con los caballos y tras tres horas de marcha, llegamos a donde los habían visto, pero ya no están. No se ven en ningún lado. Roma supone que solo pueden estar en un barranco que se oculta a nuestra vista.
Dejamos los caballos y nos acercamos con precaución, pero llevamos el viento en el cogote. Me advierten que cuando los veamos, seguramente estarán ya en fuga.
¿Me dirán sobre cuál debo disparar? Me responden que no habrá tiempo para ello, que dispare al que me parezca mayor.
Ocurre tal como suponíamos, cuando vemos a los Tur ya están huyendo. Están a 200 mts y por el visor del Dragunov no se distinguen los trofeos. Busco a uno grande de cuerpo para asegurarme de que es macho y disparo, todos siguen corriendo, disparo de nuevo y el animal se desploma. Me dicen que dispare de nuevo. Suponiendo que me he equivocado y el animal del primer disparo continúa herido, pregunto ¿a cuál? Uno me dice que a la izquierda y el otro que a la derecha. Les pido que se pongan de acuerdo y me dicen que a la izquierda. Con la demora, los animales están muy lejos y el disparo queda corto.
Me felicitan por el animal abatido que con los prismáticos vemos es macho por la cuerna. Cuando lo cobramos, veo que es un trofeo solo regular.
Cuando lo descuartizan, pues aprovechan toda la carne, vemos que tiene los dos disparos, el primero le entró por un jamón sin salida y el segundo le atravesó las paletas.
Afortunadamente, no alcancé al segundo Tur.

Regresamos al campamento volante, recogemos y bajamos al campamento base. En total, son 7 horas de marcha por unas pendientes increíbles y zonas de piedra suelta donde caminar se hace imposible sin un bastón. Las caídas, son frecuentes. Me duelen los dedos de los pies y las rodillas. Llego al campamento base agotado.

Cenamos y tras tres horas de camión, llegamos a Derk, donde dormimos en una humilde casa de pueblo.

La cacería, ha sido durísima y requiere una gran forma física que yo no poseo. Me doy por satisfecho con mi Tur y doy las gracias al equipo de guías que me han acompañado, sin los cuales, no hubiera conseguido ni tan solo subir a Babadag, cuya cumbre tiene 3.629 mts. sobre el nivel del mar.
























9/9/09
Viaje de regreso a Bakú. Al llegar al hotel, la ducha es de las que se recuerdan toda la vida.

10/9/09
Visitamos Giz Galaxy, una torre muy antigua desde la que se lanzó al mar la hija del rey local cuando iba a ser capturada.
Visitamos también los alrededores de la torre. Es la ciudad antigua que formó parte de la ruta de la seda. Compramos en el bazar regalos para la familia.

Comemos en el restaurante Anadol. Yo tomo esturión, no lo había comido nunca y está muy rico.

Bakú, es la ciudad de los contrastes. Conviven una cantidad de coches de alta gama increíble con los antiguos Fiat 124 que aquí son de marca Lada. Hay edificios de muy alto coste junto a bloques de los construidos durante la ocupación soviética. En una tienda de muebles, hemos visto un comedor cuyas sillas, aparador y mesa están recubiertas en gran parte de plata.


























11/9/09
Visitamos los alrededores del parlamento y el memorial a los caídos durante la invasión Armenia desde el que se divisa toda la ciudad, los campos petrolíferos y el puerto.
En una armería, compro un cartucho metálico vacío de escopeta que los locales usan para recargar. Juanje, muy aficionado al tema, compra toda la colección de calibres.










12/9/09
Regreso a casa. En el control de entrada al aeropuerto, descubren una figura de bronce que compró Juanje. Se la dejan pasar, pero además de la factura, debería tener un certificado con foto incluida de la compra.

Facturamos y en el control de pasaportes, me captura la policía. Han encontrado el cartucho vacío de escopeta y me lo requisan. Mientras firmo el acta, pienso cuán afortunado ha sido Juanje, pues ha pasado el control de pasaporte sin problema. En esas estoy cuando lo veo pasar bastante cariacontecido y acompañado de un policía. También han descubierto su colección.

Afortunadamente, tenemos tiempo de tomar el avión.

Azerbaiyán, Septiembre del 2.009
Carlos Mas

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