De cazador para cazadores

Enfrentando al oso



A diferencia de las otras cacerías, la cacería del oso es única en todos sus aspectos. Esta peculiar cacería se desarrolla con paciencia. Esto quiere decir que el cazador se vuelve pescador esperando a que la presa caiga en la trampa, es decir que el oso llegue al cebadero. El cebadero se vuelve entonces en el fin de esa vida y el comienzo de una emoción. Todo esto ocurre tan solo en un flaco y tembloroso árbol donde se instala un “tree-stand” para que el cazador espere a la presa. El cazador está expuesto a todo tipo de clima y vientos que lo mesen a una altura de cinco metros. No obstante, el oso y muchos otros tipos de animales son capaces de subir al árbol al igual que el cazador. Esto es lo que hace esta experiencia única y peligrosa.



Todo empezó cuando mi aventuroso padre, Federico Riojas (fundador y presidente honorario y vitalicio del Club Safari México), me llamó invitándome a una nueva aventura: la cacería del oso negro. Después de muchas indagaciones llegamos a la página web: www.cmsafaris.info donde encontramos la cacería ideal para abatir el oso negro. Por lo cual reservamos los vuelos para Edmonton en el estado de Alberta en Canadá.

El momento tan esperado por fin llegó el 18 de mayo, cuando junto a mis padres y mi hijo Diego, llegamos al campamento que se encuentra a dos horas y media hacia el norte de Edmonton, cerca del lago “Lac La Biche”.











La mañana siguiente probamos los rifles a una distancia de 25 mts. A las 15:30 junto a nuestro guía Joe, mi padre y Diego, partimos a la cacería a unos 100 km. hacia el norte del campamento en una Pick-up con remolque y una Quad.



De repente a unos 20 mts. de la carretera tuvimos la grandísima suerte de ver a una osa con sus dos pequeños. ¡Increíble! A las 16:00 por fin llegamos Diego y yo en la Quad al cebadero que Joe preparó con bidones de comida y un castor para atraer al oso.



Y nos arregló dos “Tree-Stand” arriba de un mismo pino. Desde que llegamos hasta las 18:00 nos divertimos Diego y yo viendo las ardillas correteándose a toda velocidad, haciendo toda clase de ruidos y trepándose a los árboles a nuestra altura para vernos. ¡Nos hacían reír! Cuando de pronto Diego vio llegar el primer oso. ¡Qué emoción! Un oso negro que solo pudimos admirar unos instantes ya que no se acercó al cebadero. A diferencia de las ardillas, los osos caminan lento y silenciosamente. ¡Muy impresionante! No se oyen a menos de que gruñan. Inmediatamente después de que el oso negro se fue, Diego de nuevo avistó otro oso, ésta vez un oso color canela que lentamente se acercó al cebadero, caminó junto a un bidón y pudimos comprobar que superaba el 2º refuerzo del bidón, llegando casi a la tapa del mismo. Sin embargo lo veíamos desde una altura aproximada de 5 a 6 mts. lo que significaba que era un oso grande. ¡Mucho más grande de lo esperado!











¡Mi corazón latía de adrenalina! Tenía que disparar. ¡Ese oso no se me podía escapar! Cuando de pronto aceleró el paso. No podía esperar ni un segundo más pues estaba en la posición perfecta. Los árboles sintieron una sacudida: era mi disparo. Un disparo tan inesperado que asombró a mi hijo haciéndolo sobresaltar. ¡El oso salió huyendo como un rayo! Esto provocó en mí una gran preocupación. ¿Cuándo iba a caer muerto? Unos momentos después escuchamos unos lamentos estremecedores que lo llevaron a su fin. ¡“Eso es todo”, me gritó mi hijo con alegría! Pues lo había logrado, el oso era todo mío. A pesar de todas las ganas de ir por el oso, no podíamos por el extremo peligro de los osos que nos rodeaban. El guía tenía que llegar por nosotros. El imponente disparo no causó temor alguno. Pues a los pocos segundos llegó otro oso. Eran pocas las palabras para describirlo, era un oso negro enorme. Se dirigía lentamente hacia nuestro árbol. ¿Que íbamos a hacer si se subía a nuestro tree-stand? Afortunadamente, olfateó la botella de agua que se nos había caído anteriormente e inmediatamente huyó.



Una hora después, vimos Diego y yo otro oso color canela que nunca se acercó. Repentinamente oímos un disparo a lo lejos. Esperábamos que hubiera sido el de mi padre. Desgraciadamente no teníamos ninguna forma de comunicación. Ya habían pasado cinco horas y seguíamos arriba del árbol como ardillas. ¡Desesperados y con toda razón! La locura se comenzó a apoderar de nosotros. Consecutivamente empezamos a imitar el canto del “pato volador” y toda clase de pájaros incluyendo búhos. Por fin el momento tan esperado llegó, después de seis interminables horas amarrados al árbol, era nuestro guía Joe. Eran las diez menos cuarto y ya estaba anocheciendo. Como liebres corrimos a buscar el oso. Lo encontramos a unos cincuenta metros sin vida. ¡Lo logré, qué gran emoción!







Era hora de ir por mi padre y el tiempo era escaso. La noche cada vez se hacía más oscura y la neblina comenzaba a bajar. Pocos momentos después la tormenta cayó y buscando el camino de regreso, nos perdimos gracias a la escasa luz y al bosque tan tupido. La luna llena llamaba a los lobos y sus aullidos. Esto activó la alarma, era tiempo de correr por nuestras vidas ya que esos lobos no estaban lejos. Las ramas nos dificultaban el paso y llegamos a un pantano donde avistamos a un coyote. ¡El asma estaba muy cerca pero mi hijo me calmó diciendo: “calma y camina que a algún lado llegarás!”. Los pies se hundían y correr era todo un lujo que no podíamos permitirnos. Después de una hora logramos llegar a la pick-up. ¡Qué alivio! Durante todo este tiempo mi padre seguía esperando al guía en su árbol a cinco millas de donde nos ubicábamos. Aún así el terreno lodoso hacía mas largo el recorrido en la quad. Mientras tanto la lluvia no cesaba y el tiempo corría. Diego y yo preocupados sonábamos repetidamente la bocina de la pick-up en caso de que se hubieran perdido. A las 23:30 todavía no aparecían olvidamos que los dos estaban medio sordos y nunca nos oyeron. Poco después llegaron felices con el oso negro que mi padre había cazado. ¡Qué máximo que tanto mi papá como yo pudimos cazar nuestro oso el primer día! La lluvia se acrecentaba y juntos Joe y Diego fueron a recuperar mi oso antes de que fuera devorado por los lobos hambrientos. Mientras tanto mi padre me contó que llevaba dos horas desarmado esperando al guía abajo del árbol. Había dejado el rifle en el tree-stand. Inteligentemente empezó a hablar a solas en voz alta para ahuyentar a los animales. ¡Pobre, qué susto! Por fin íbamos de regreso al lodge cuando vimos una hembra de cola blanca atravesando la carretera. Más tarde a las 2:00 am llegamos al lodge a cenar, donde nos esperaba mi mamá, pobrecita ya con los pelos parados de la preocupación. Éramos ocho cazadores en el campamento y solo 3 cazadores cazamos ese día. ¡Qué grandísima suerte! Nunca pensamos que la cacería en un árbol podría ser tan emocionante y llena de aventuras. En fin después de haber pasado por hambre, frío, lluvia, miedo y ganas de ir al baño mi padre logró conseguir el oso negro y yo el oso negro color canela.

Fue una cacería fenomenal e inolvidable que recomendamos ampliamente. :)

El panal de abejas me susurra al oído
las ardillas se reúnen en música
la brisa del aire pasando entre las ramas
Nada, sólo naturaleza sobresaliente
Los monstruos atrás de la inmensidad de los pinos
La soledad que calma al ser humano y dona paciencia
El momento por llegar y la emoción de pie
Alegría canta la fauna
Y felicidad por llegar
Un oso único y fenomenal que reposa en paz


(Poema escrito por mi hijo Diego durante la cacería, arriba del árbol)




Escrito por: Chelita Riojas de Vanzo y Diego Oseguera Riojas

Lista de Relatos