De cazador para cazadores

X - Caza y nuevas amistades en Namibia

 

Esta historia empezó con una idea de mi esposa Ana, al regresar de un viaje a Vietnam en vacaciones estivales y se materializó en Noviembre de 2006 con Carlos Mas, del cual me dieron buenas referencias.

Tuve un encuentro con él y me aconsejó que me decidiera por Namibia, siendo unos de los mejores consejos que me han dado. 

Durante los meses que siguieron, mi esposa y yo estuvimos ocupados preparando con gran ilusión y mimo, todos los detalles de nuestra aventura africana. 

Y por fin, 28 de Junio de 2007, llegó el gran día. 

Llegamos del largo viaje a Windhoek a las 7.30, donde nos esperaban Japie y Lisa con unos compañeros alicantinos que estarían cazando con nosotros en Neuhof. Cargamos las maletas y el rifle, y salimos sin demora con dirección a Gobabis, en un viaje que duraría unas 2 horas. Durante el trayecto ya se vieron facos, chacales, gatos... en fin, se pasó volando. 

Cuando llegamos a Neuhof, nos instalaron en un lodge precioso, y sin más tiempo que el de calzarse las botas, Japie nos anuncia que en 10 minutos, prueba del rifle, 2 tiros y a comer. Tras 1 hora de siesta, a las 14 hora local, empieza la aventura sin tiempo de saber qué haces y donde estás.

Japie, a los 15 minutos de marcha, hace detener el vehículo y me susurra “kudu” saltando del coche, e iniciamos una larga entrada al animal, pero nos detecta y huye. Volvimos al 4x4 a seguir la búsqueda. Hicimos varias entradas a ñus, pero sin suerte. 

Japie alerta de un macho viejo de ñu y le hacemos la entrada arrastrándonos como indios. Llegamos a colocarnos a 50 metros de él, pero sin dejarse ver, solo lo oíamos. Esperamos un buen rato a que se pusiera a tiro, pero otro ñu más joven nos detectó y empezó a resoplar. El viejo ñu arrancó en dirección contraria, parándose a unos 200 metros y mirándonos, cuando Japie sin dudar, clava el trípode y me dice: “shoot”. En este momento tan deseado, me pasaron un millón de cosas por la mente, pero me centré en colocar la cruz en el pecho del ñu y disparé, no vi nada pero oí el “zas” de tocar carne. Japie y Ana gritaron “bien” al unísono, el ñu cayó fulminado y de repente abrazos y felicitaciones, estaba flotando, no me lo creía. Japie dijo que era largo y grande, pero yo no sabía comparar, pues era el primero que tenia delante de mí. Después de las típicas fotos, cargamos el ñu y emprendemos el trayecto de regreso a la casa.

Cuando habíamos recorrido un par de kilómetros, vimos unas jirafas y Ana, mi esposa, se puso a filmarlas. De repente, Japie con vista de lince, descubre a lo lejos unos Hartebeest, y uno de ellos es bueno. Sin tiempo a reaccionar, pie en el suelo y rececho de unos 400 metros, Japie, Ana, el tracker y un servidor. Japie coloca el trípode y me dice que me prepare, pues aparecerá el Hartebeest en un pequeño claro a 150 metros, y que cuando aparezca, espere a disparar hasta que él le silbe, y se detenga. Así ocurrió, cuando se detuvo ya lo tenía en la cruz y solo tuve que apretar el gatillo. El animal dio un salto hacia atrás, arrancando una loca carrera de 40 metros para caer muerto.

Cuando llegamos a él, tengo una gran sorpresa, pues me dicen que es posible medalla de oro (Namibia). Es un sueño, 5 horas después de saltar del avión ya he cazado 2 animales maravillosos. No tengo tiempo de asimilar tanta emoción. Por cierto, regresando al coche, debería estar soñando cuando tropecé y me caí encima de una pequeña acacia, sin un solo rasguño. Nadie me vio, suerte.

El sábado, cambié de P.H. y fui con Javi. Él me dijo que iríamos a por orix o kudu, y volvió a empezar la aventura. Recechamos sin éxito a varios orix, unas veces nos detectaban y otras nos delataban otros animales. En una de estas, Javi me pregunta si me interesa el Blesbook, porque ha visto uno muy viejo y le contestó que no contaba con él, pero que sí.

Recechamos arrastrándonos y nos colocamos a 100 metros del animal, pudiendo colocarlo dentro de la cruz y disparar. El animal corrió unos 10 metros antes de caer. Abrazos y felicitaciones, y mientras nos acercábamos al animal, apareció una avestruz que se paró junto al blesbuck, de forma amenazante. Cogimos palos, gritamos pero él seguía en sus trece. Total, que nos hicimos las fotos y cargamos al

Blesbuck, con el macho de avestruz vigilándonos atentamente y protegiendo su nido, el cual debía estar cerca.

Regresamos al campamento a comer y por la tarde salimos en busca del kudu, al cual tuve la oportunidad de tirar y fallarlo, pues no se encontró rastro de sangre, dando la jornada por terminada por falta de luz.

El domingo, vuelta a lo mismo, pero antes de ir a por el orix, intentamos abatir un springbuck. Vemos un grupo y decidimos entrarles pero esta vez, seria Ana la que ejecutaría el lance. Nos acercamos a varios pero huyen. Tomando la decisión de seguirles, nos topamos de repente con uno que estaba tumbado descansando a unos 80 metros y se decide tirarle. Ana apoyó el rifle en el trípode, apuntó y disparó. El animal ni se movió y empezaron los saltos y gritos. Ana no reaccionaba y decía que le temblaban las piernas, mientras yo estaba muy contento y satisfecho. El resultado, un precioso trofeo y un magnífico tiro al cuello. Luego vinieron las fotos y los besos. Javi, al enterarse que era su primer animal, decidió allí mismo, junto al springbuck, hacerla novia, pintándole la cara con sangre. Luego, por la noche, durante la cena, ya fue una fiesta.

Durante la tarde, vimos un rebaño de orix junto a hartebeest y ñus. Javi vio un orix tumbado y me dijo que le tirara y así lo hice. Se escuchó el típico golpe sordo, pero desapareció. Luego, pisteando, no se encontró ningún rastro de sangre, dándose por fallado.

A la mañana siguiente, se acordó ir a probar el rifle, comprobando que estaba bien, por lo que decidimos ponernos manos a la obra. Durante el resto de la mañana hicimos tres entradas a kudu y orix, todas ellas infructuosas, pero muy emocionantes. Ya por la tarde, salí con Japie y otro tanto de lo mismo, comprobando así la increíble astucia de estos animales.

Antes de ir a cenar, nos quedaban un par de horas y acompañé a Isidoro a una charca e hicimos una espera, pues teníamos luna llena y se veía muy bien. El abate se intentaría con un arco de poleas. Estando en el “blind”, de repente vimos una sombra cruzar el charco y Japie con el visor nocturno dijo que era un guepardo pero no hubo tiempo de poderle tirar por lo que se decidió ir a la huella a la mañana siguiente, lo cual resultó infructuoso.

Cada día durante la comida y la cena con Isidoro y familia, lo pasábamos muy bien, comentando las incidencias del día y sobretodo contando chistes, en la cual cosa, Isidoro es un artista. Japie y toda la familia, incluida la abuela, no paraban de reírse sin entender ni una palabra. Nos pidieron que se los escribiéramos para que Carlos Mas se los  tradujera cuando fuera a visitarlos.

Por la casa, corre una hembra de faco llamada Tina, que obedece de igual forma que un perro. Llora para entrar en la casa y para que le den comida y le gusta que le rasquen la barriga. A raíz de esto, no me apetecía cazar ningún faco, pienso que para Neuhof es contraproducente.

Era martes y nos levantamos como cada día con la misma ilusión. Terminamos de desayunar, y ya nos estaban esperando los vehículos con los trackers a bordo. Empezó el Rock&Roll como decía el amigo Isidoro, viendo unos orix en un trozo de sabana muy abierta, lo que nos obligó a andar de rodillas durante unos 100 metros, colocándonos a unos 80 de 2 machos y 1 hembra. Decidimos no colocar el trípode y apoyar el rifle en el hombro de Javi, pero de repente nos detectaron y salieron zumbando sin tener tiempo a disparar. Esta maniobra duro media hora, en la cual intentamos unas entradas más, pero sin éxito.

El orix es un animal muy listo y escurridizo e incluso utilizan escuderos como nuestros navajeros. Después de comer se montó una competición de tiro con arco, en la que participaron Japie, Isidoro, Javi y un servidor. Por la tarde salimos con Japie y su tracker (un fenómeno), descubrimos unos orix y les entramos con el mismo sistema. Pudimos acercarnos a 150 metros, Japie susurró que estaba tumbado y que a su derecha había uno joven, el cual estaba mirándonos. Me coloqué el trípode y puse la cruz en él, esperando a que se levantara. Cuando lo hizo, se quedó de frente a nosotros y Japie me susurro “fuego”. Yo ajuste la cruz, disparé y el orix cayo de un tiro en el pecho. Cuando nos acercamos, aún estaba vivo y nos pusimos en guardia, porque son muy peligrosos. Japie y el tracker le tiraban ramas secas hasta cerciorase que estaba muerto. Era un animal muy bonito, pues era largo y gordo de bases.

Cuando llegamos al campamento, nos enteramos que Isidoro había abatido un kudu muy grueso y viejo,  corriendo como si estuviera de montería. Como aún era temprano, salimos otra vez pero no hubo suerte, por lo que regresamos de nuevo para cenar, donde los chistes de Isidoro volvieron a amenizar la velada.

Debo hacer mención que durante todas las jornadas de caza, dábamos largas caminatas a pie, en las cuales podíamos ver de todo.

El miércoles salimos como siempre, pero esta vez muy abrigados, pues hacía mucho viento y frío. Durante la mañana vimos jirafas, ñus, hartebeest, elands... pero ni rastro del kudu, Si es verdad que hicimos una entrada, pero era joven. Ya por la tarde nos enteramos por radio que Isidoro había tirado a un eland muy grande el cual huyó con la manada recibiendo un tiro trasero. Estando relativamente cerca, nos unimos a ellos para ayudar al pisteo, pero empezaba a oscurecer. Se decidió por tanto, dejarlo para la mañana siguiente y seguirle a caballo.

El jueves, salimos, pero esta vez nos acompañaba Dani, el hijo de Isidoro, pues su padre se dedicaría a rastrear al eland herido. Así Dani intentaría abatir un duiker a la carrera, pero sin suerte. Por mi parte, yo no pude ver ni rastro del kudu, pero si de hembras. Mientras tanto, recibimos una llamada, que nos comunica que Isidoro acababa de abatir el deseado eland y faltaba gente para poder cargarlo en el 4x4. Resultó ser fenomenal, tenía una preciosa cabeza y pesaba más de 900 kilos.

Japie por la tarde, decide ir a una concesión que dista a unos 30 kilómetros y que Isidoro bautizo como “kudolandia”, la cual esta cerca de Botswana. En ella Isidoro cazo su kudu.

Nos pusimos en marcha por una carretera de arena y grava a 100 millas/hora, sin capota y con frío. Una aventura que me puso los pelos de punta, solo de pensar en el regreso a la noche. Isidoro y su familia se quedaron antes de llegar y nosotros seguimos el camino hasta “kudolandia”. Entramos en nuestra zona, el terreno era diferente, pedregoso y ondulado. Al poco rato de rodar por él, vemos un buen faco, pero decido no tirarle. A la izquierda de unas acacias vemos 3 machos, todos ellos “tirables”. Les hacemos la entrada, pero como siempre, nos burlan descaradamente y se detienen delante del 4x4, donde estaba Ana y el conductor. Seguimos buscando cuando vemos uno solitario y lo seguimos, dándonos esquinazo otra vez. Volvimos a cogerle la pista y a seguirlo hasta una suave depresión, en la cual estaba subiendo la ladera opuesta. Veo a Javi colocar el trípode y me indica que pruebe el disparo a unos 300 metros aproximadamente. Hago caso, coloco la retícula al animal con mucha dificultad, debido a la distancia y disparo. El kudu acusa el disparo ralentizando el paso. Corremos unos 50 metros, vuelvo a disparar y esta vez acusa el tiro derrumbándose. Todo son abrazos y felicitaciones, mientras el kudu volvía a levantarse y tengo que tirarle de nuevo, apuntando algo alto y alcanzándole otra vez, tras lo cual, cae definitivamente. Javi y el tracker empezaron a correr hacia él como locos, saltando y gritando, mientras el otro tracker se quedaba conmigo cantando y llamando por radio al 4x4 donde estaba Ana, para que acudiesen a nuestra posición.

Cuando llego donde esta el kudu, no me puedo creer lo grande, grueso y viejo que es. En aquel momento me emocioné, no cabía en mi, era mi sueño, fueron momentos indescriptibles.

El kudu recibió los 3 impactos. Uno en el codillo, otro trasero y el tercero en el cuello. Hicimos fotos mientras tomábamos un refresco y lo cargamos entre todos, incluida Ana. Tuvimos que hacer dos agujeros para meter las ruedas y así bajar la caja de 4x4, pero incluso así sufrimos para poderlo cargar.

Regresamos de noche en el descapotable por el Green Kalahari, pasando un mal trago debido al frío y al viento, a una velocidad de 90 km./h. Por cierto, Ana me devolvió la pelota, pintándome con la sangre del kudu.

El viernes salimos pero Ana estaba cansada y no nos acompañó. Yo ya había hecho el cupo y quería rematar con un duiker o una cebra de Burchell, pero como el viento no les gusta a estos animales, no se dejaban ver. A media mañana recogimos a Ana y también se nos unió Isidoro.

Una vez con Ana en el coche, lo de cazar una cebra se enfrió y decidimos ir a por el duiker. Intenté tirar a uno, pero corría como un diablo, siendo el único que vimos.

Ya por la tarde, había decidido acompañar a mi esposa a una visita de un poblado Bushmen, pero 5 minutos antes de partir, Isidoro me dice si quiero acompañarle a una espera y tras recibir el permiso de  Ana, decido aceptar la invitación. Isidoro dice que coja el rifle, pues es posible que acuda a beber algún duiker al que pueda tirar.

Isidoro cogió su arco de poleas y nos encaminamos hacia el blind. Javi, Japie, Isidoro y yo, entramos por la parte trasera y no más instalarnos, Japie, que era el que estaba de alerta, nos avisa de la entrada a la charca de unos facos. Isidoro muy amable, me dice si quiero tirarles, pues el ya tiene varios y yo todavía ninguno. Sin pensármelo dos veces, me decido y me preparo para disparar. 

Japie me susurra que el más tapado es un macho muy grande y que dispare nada más terminen de beber, pues se pondrá a tiro. Así ocurrió, disparé al codillo y no tuve ocasión de ver el trofeo, pues salió disparado, cayendo a unos 8 metros, dentro de una acacia. Tenía los colmillos muy gordos y largos pero con las puntas rotas, aún así, dan 30 cm y 12 de diámetro. A propósito, por la posición que tuve que adoptar para tirarle, hizo que me resbalara la culata del hombro y la lente me golpeara en la frente, obteniendo como resultado una brecha. Hicimos fotos y se lo llevaron al campamento, mientras nosotros regresábamos al blind, para seguir con la espera.

Cuando ya empezaba a caer el sol, se presentó un chacal al cual Isidoro tiró, pero la flecha solo pudo rozar la barriga. Al poco rato, otro chacal que tuvo la fortuna de agacharse al escuchar el golpe del arco, también se escapó. Isidoro esperaba tirar a un ñu, pero regresamos sin haber tenido ninguna otra visita.

El sábado por la mañana, Isidoro y familia, junto con Ana y conmigo, visitamos la fundación para la conservación de la naturaleza “HARNAS”, donde pudimos jugar con un guepardo y unas suricatas, además de otras especies. Ya por la tarde, me fui de espera a una torreta e Isidoro volvió a un blind diferente al del día anterior, pudiendo disparar a un ñu, el cual salió disparado y teniéndole que pistear al día siguiente.

El día que teníamos que tomar el vuelo de regreso, fuimos a pistear el ñu de Isidoro con toda la caballería por la mañana. En un par de horas, dimos con él, e Isidoro le disparó el tiro de remate con mi rifle a insistencia mía, lo cual me dio una gran satisfacción

Ya por la tarde, despedidas y lloros. Tomamos el vuelo de regreso a España.

Debo agradecer a Carlos Mas Safaris y a Japie de Neuhof  Safaris, el excelente trato recibido en todo momento.

Jaume Codinachs

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