De cazador para cazadores

XV - Cazando con arco en las puertas del Kalahari

Por: Mario Bregaña Etxeberria
Abril 2007

A finales de Abril de este año y tras unos meses de planificación, partía una expedición de Jara y Sedal a cazar a Namibia, país africano del cono sur, entre el Atlántico y Botswana, al norte de Sudáfrica y al sur de Angola, a unos 10.000 Km. de casa.

El objeto del viaje era cazar, principalmente antílopes, pero en esta ocasión tenía tanta importancia probar los últimos modelos de armas (rifles y arcos) de algunas marcas de renombre así como munición, puntas de caza, flechas y otros elementos.

Otro objetivo era entrevistarse y si podíamos cazar juntos, con alguna de las etnias que allí habitan y que son cazadores arqueros legendarios. Hablamos de los bushmen o bosquimanos del Kalahari, los herero del Caprivi, los damara y los tswana. Ya nos habían advertido que resultaría complicado, pues los reductos donde algunos grupos de estas razas viven de manera tradicional resultan casi inaccesibles además de precisar en algunos casos de permisos y gestiones previas bastante complicadas. Sin embargo tuvimos la suerte de coincidir con ellos en las concesiones de caza que visitamos y donde vivían y trabajaban como pisteros, desolladores, porteadores y ayudantes, cazadores profesionales al fin y al cabo y que nos demostraron con creces su ancestral conocimiento de la tierra y de sus animales, su adaptación al medio y su extraordinaria habilidad como cazadores. Siempre fueron amables y desinteresados.

Para la organización del viaje escogimos la empresa CARLOS MAS SAFARIS con la que algunos miembros de la expedición ya habían cazado antes y que demostró una vez más su seriedad y efectividad, no sólo en cumplir lo que promete, sino en el buen ambiente y amabilidad que rodean desde su organización hasta sus campamentos. En esta ocasión se produjo una alarma familiar en casa de uno de nosotros que le obligó a regresar precipitadamente. Pues bien, en 24 horas estaba en su casa. Agradecemos desde estas líneas la agilidad y eficacia de sus gestiones tanto a Carlos como a Japie, dueño de la concesión donde estaba nuestro campamento principal. Son este tipo de cosas las que demuestran la categoría de las personas y animan a tener largas y fructíferas relaciones.

Entre los destinos que barajamos al principio, escogimos un campamento llamado NEUHOF situado a 1 hora de pista de Gobabis, pueblo a unos 200 Km. al este de Windhoek, capital de Namibia. Estábamos a unos 50 Km. de la frontera con Botswana, en la antesala de lo que llaman el alto Kalahari o Kalahari verde. Tierras rojas principalmente llanas, de hierba alta, jalonadas por árboles (sobre todo acacias) más o menos dispersos y de talla media, con algunas zonas de matorral y otras despejadas con hierba más baja. Los dominios del Cheetah y el reino de los grandes antílopes.

Precisamente el interés de uno de nosotros por conseguir un guepardo, fue uno de los factores que inclinaron el platillo respecto a otros destinos como el Limpopo o Caprivi. Además del sable, precioso animal que en esta zona ofrece muy buenos trofeos.

Los animales más comunes en la zona y que veíamos por doquier eran: eland, kudu, oryx, red hartebeest, ñu azul y ñu negro, blesbok, springbok, duiker, steenbok, waterbuk, cebras, facocheros, jirafas y un sin fin de pequeños mamíferos como puercoespines, mangostas, ardillas y chacales. Y como cosa más extraordinaria, los sables, el impala de cara negra, el klipsplinger, las avestruces, los guepardos, caracales y otros gatos. La avifauna también merece una mención, pues su densidad era extraordinaria, desde las enormes águilas belicosas, las avutardas y sisones, los secretarios, varios tipos de tórtolas, las gangas, no sé cuantas clases de codornices y colines, francolines de arrancada perdicera y una legión de mirlos de colores, currucas, picatroncos y demás insectívoros. Una maravilla.

El alojamiento preparado para recibirnos era de lujo, y su comodidad y abastecimiento excepcionales para una expedición de caza. Durante unos días hicimos una degustación de las carnes de diversos antílopes. La mujer de Japie, Lyzza, supo dar ese toque hogareño a nuestra estancia que resulta más propio para amigos que para clientes. No somos muy exigentes y en otras ocasiones, tras algunos animales, hemos dormido en bordas de alta montaña atestadas de pulgas, tiendas de campaña entre la nieve y hamacas colgadas entre dos árboles en una nube de mosquitos y siempre hemos pensado que “el que algo quiere, algo le cuesta”, pero hay que reconocer que la comodidad y la limpieza a todos nos gustan y además brindan la oportunidad de que nos acompañen esposas, hijos o amigos que no estarían dispuestos a semejantes sacrificios.

Respecto a la organización de las jornadas de caza, contábamos con 3 whitehunter profesionales (Japie, Gaar y Gawie) con sus respectivos equipos de rastreadores y conductor, así como abundante personal de campamento como desolladores y ayudantes.  Amanecía a las 6 de la mañana por tanto a las 5 diana para desayunar. Después se trazaba la estrategia del día dependiendo si había algún pisteo pendiente del día anterior, las piezas que faltaban por abatir y sus lugares de querencia.

 

CAZA CON ARCO

En este caso el safari era mixto “arqueros & rifleros” por tanto la concesión debía estar preparada para las dos cosas. No sería la primera vez que una de las dos disciplinas quedara como secundaria con el consiguiente mosqueo de los afectados. Esto a priori es una dificultad y es más sencillo preparar expediciones homogéneas para escoger concesiones especializadas en una u otra. Esta vez primaba más la amistad y las ganas de divertirse que el purismo de la cuestión y que además no supuso casi problemas.

El dueño de la concesión era arquero y mantenía dos zonas bastantes extensas para cazar con arco aunque diseñadas para el aguardo desde blind y no tanto para el rececho, pues cazadores de arma de fuego podían irrumpir en ellas pisteando una pieza y rematarla allí si se daba la ocasión. Nos confesaba que su sueño era destinar una gran área exclusivamente para arco, donde no se oyera un solo disparo en todo el año, y que estaba trabajando para conseguirlo.

Tras muchos años cazando con arco no queremos sacar cuentas de las horas de aguardo que hemos pasado y aunque admitimos que han sido productivas y no nos arrepentimos de haberlas empleado así, tenemos que admitir que estos últimos años nos dedicamos casi exclusivamente al rececho porque nos divierte más a pesar de brindar menos éxitos. Nos habían advertido que era la espera la principal modalidad aunque también podríamos intentar el rececho. Sin embargo, la obligatoriedad de que el cazador profesional te acompañe en todo momento, hasta en la última parte del acercamiento y la actitud vigilante de las manadas de antílopes ante la presencia de grandes predadores, convertían en poco menos que imposible conseguir distancias menores de 50 m. salvo en contadas ocasiones. Para colmo la reseca hierba y las crujientes hojas de las acacias exigían un virtuosismo solo propio de los bushmen autóctonos.

Esperar desde los blinds también tenía lo suyo. El montaje consistía en una alberca de piedra y hormigón con un suministro constante de agua, de unos 5 m. de diámetro y situada a unos 20 del propio blind. Este era una construcción de hormigón y adobe con forma de igloo, con una chimenea de aireación en la parte superior y cuyo suelo estaba excavado hasta 1 m. por debajo del nivel exterior. De unos 2,5 m. de diámetro en el interior y una altura de unos 2 m. La entrada en la parte posterior, 2 ventanas fijas laterales y una sola tronera de tiro orientada hacia el agua, provista de un cristal corredero y una cortina de arpillera de altura regulable. Resguardado entre matorrales y del mismo color que la tierra, desde lejos parecía un promontorio de barro.

Había terminado la temporada de lluvias y estábamos en el otoño austral y aunque las altas temperaturas se soportaban bien en el exterior, el blind se convertía en un horno donde después de unas horas nos debatíamos entre la deshidratación y la somnolencia. Puede ser recomendable planificar este tipo de caza en aquella zona desde junio en adelante cuando ha avanzado la temporada seca, la temperatura es más benigna y son mayores las concentraciones de animales en torno al agua. A pesar de todo ello, resulta imposible aburrirse en una de estas esperas pues además de la constante actividad de los pájaros, casi de continuo acuden a beber o tomar sal, familias de facocheros, bandadas de gallinas pintadas y todo tipo de antílopes, que hasta que se presenta una pieza digna de atención, nos mantienen en tensión y nos permiten preciosas fotos.

UN LANCE: ÑU AZUL

Connochaetes taurinus

Blue wildebeest en ingles y en afrikaans Blouwildebees, Gaob en damara y Nkne en itsuana.

Cada uno tenemos ciertos animales-icono de los diversos paisajes de caza; no tienen que ver, quizás, con el más feroz ni el más grande, pero solo la visión de su silueta nos traslada inmediatamente a aquellos parajes. Para nosotros uno de ellos siempre ha sido el ñu, protagonista de tantos reportajes, presa clásica de los grandes felinos, ruidosos y gregarios y con ese aspecto extraño de pequeños toritos. Con fama de duro y resistente y una perfecta adaptación a la sabana y a las tierras de la hierba (grasslands). Por ello y para no aburríos con un relato sistemático de fallos y aciertos, lo escogemos para contaos uno de los lances vividos.

Aunque como decíamos somos más de arco recurvado y de rececho, ante este panorama aprovechamos para probar un poleas de última generación, el modelo DRENALINE de MATHEWS®, su más reciente creación. Además de flechas lastradas y las puntas SILVER FLAME de GERMAN KINETICS® alternadas con las tradicionales ZWICKEYS®.

Eran las 4,30 de la tarde y llevábamos junto a Japie una media hora dentro de un blind que vigilaba una charca llamada Kudufontaine. El objetivo de esa tarde era el ñu azul y según nos habían dicho una pequeña manada con un buen macho al frente llevaba unos días por la zona, así que teníamos bastantes posibilidades de éxito. Hasta entonces sólo habían acudido al bebedero un joven kudu acompañado de una hembra y una madre faco con su prole además de la consabida pajarería. Sin previo aviso y después de un galope frenético se presentaron en la plaza unos jóvenes ñues con sus madres, automáticamente nos pusimos en guardia. Después de un rato de juegos y cabriolas en torno al agua se quedaron quietos y comenzaron a retirarse. Cuando todo estaba despejado llegó el macho. Mucho más precavido y receloso dio una vuelta entre los matorrales sin dar la cara, tomando los vientos y resoplando, finalmente apareció en la explanada y se dirigió directamente al agua. Algún efluvio le molestaba y hacía amagos de marcharse aunque después de varios titubeos la sed le venció y se puso a beber. Lo hizo en la parte opuesta a nosotros de forma que se nos ofrecía de frente y con la cabeza agachada. Nosotros intentábamos mantener la calma, empuñando el arco y listos para tensar cuando variase a una posición más favorable. No puedo decir si transcurrieron 3 o 6 minutos pero daba la impresión de haberse saciado y que desaparecería en cualquier momento cuando se giró y nos mostró su codillo al completo. Sin más dilación abrimos el arco y cuando íbamos meterle el pin en el sitio ¡vuelve a girarse! En estos casos hay que intentar aguantar un poco y destensar si se prolonga en exceso la situación. En nuestro caso y con un let-off próximo al 80% que ofrece el Drenaline no necesitó gran esfuerzo el asunto. Cuando estábamos a punto de renunciar, el animal se fue girando poco a poco hasta ofrecer su flanco derecho ligeramente sesgado. Sin pensarlo más colocamos el pin de la mira en su codillo y soltamos la flecha.

La primera impresión del impacto fue buena aunque nos dio la sensación de quedar ligeramente trasero, quizá intentando evitar instintivamente los huesos duros. Sin hablar todavía, Japie hacía gestos de felicitación con su pulgar alzado y una sonrisa. Tras el flechazo, el animal saltó en el aire y dando un par de coces al vacío salió corriendo como alma que lleva el diablo. La flecha era de fibra de carbono lastrada en su interior y provista de una punta Zwickey y traspasó completamente los 250 kg. del ñu como si no estuviera, para clavarse después en la tierra sin sufrir apenas cambios en su trayectoria inicial.

Pasado el cuarto de hora de rigor y antes de que la luz cayera en exceso salimos del escondite y recogimos la flecha. Estaba totalmente roja aunque no del tono que más nos hubiera gustado. Nuestro pistero tswana de nombre John, que había estado escondido a 300 mts., tomó la flecha y tras olerla nos puso caras de duda y preocupación, después de todo parece que el flechazo había quedado trasero.

Pisteamos unos 4 Km. el rastro de sangre mientras la luz nos lo permitió, marcamos el sitio y regresamos al campamento con sensación agridulce.

Durante casi toda la mañana del día siguiente y a lo largo de más de 10 Km. pude ser espectador de primera fila de lo que, quizás, más me llamó la atención de todo el safari y que fue ver trabajar a John y a Penn, un pistero damara, siguiendo la huella de nuestro ñu en un mar de huellas y sin perderla ni un solo metro, aún a pesar de que durante largos espacios el animal ni sangraba ni se tumbaba. Magnífico.

Cuando nuestro desánimo empezaba a ser preocupante, localizamos al ñu bastante debilitado, descansando a la sombra de unas acacias bajas. Buscamos un hueco más o menos despejado y conseguimos colocarle otra flecha, tampoco mortal, pero suficiente para inmovilizarlo. Tumbado entre los matorrales era casi imposible conseguir un buen ángulo y aunque había perdido mucha sangre, todavía podía darnos un susto si cometíamos imprudencias. Después de unos instantes de tensión y usando el viejo truco de la distracción, lo rodeamos y conseguimos abatirlo definitivamente.

El lance no es de libro pero a cualquiera nos puede suceder, y hoy, pasados unos meses, no lo cambiamos por otro con flechazo en el corazón y pisteo de 10 minutos. Creo que quedará para siempre en nuestro diario de lances inolvidables.

Después de varios días y unos cuantos kilómetros de sabana llegó el momento de partir, como siempre antes de lo deseado y la vuelta resultó sencilla aparte de la típica pérdida de maletas en Barajas que tardaron 2 días en aparecer.

Han pasado sólo 3 meses y nos han notificado que los trofeos ya están de viaje anotando otro tanto positivo para la organización responsable del safari. Afortunadamente no cazamos todas las especies que allí viven y así tenemos la excusa perfecta para volver en cuanto podamos.

Cuando el cráneo de aquel ñu luzca en mi humilde panel de trofeos y hayan pasado los años, recordaré a los pisteadores tswanas y damaras y a los whitehunters con los que tuve el placer de cazar en Namibia.

EQUIPO UTILIZADO

J & P BOWHUNTING de Madrid, distribuidores de la marca MATHEWS SOLOCAM ® para el Estado, nos preparó amablemente un arco compuesto modelo DRENALINE, el más reciente diseño de la marca. Siempre hemos sido seguidores de Mathews, tuvimos hace años un antiguo modelo y desde hace 3 un OUTBACK, que ya incorporaba muchas de las últimas tendencias de diseño. Entre ambos salió el modelo SWICHTBACK. A veces puede pensarse que los fabricantes se ven forzados a lanzar nuevos modelos solo con objeto de aumentar sus ventas y puede que sea cierto, pero en el caso del DRENALINE, antes de probarlo ya vemos que no es así. Destaca la gran reducción de peso respecto de modelos anteriores conseguido en base a la utilización de nuevos polímeros y aleaciones, y el aumento del diámetro de sus poleas que vuelven a ser más circulares, más ruedas que levas. Mantiene la tendencia de sus antecesores en cuanto a la silueta de sus palas casi planas, a las que se ha reducido considerablemente su anchura. Lo que más llama la atención es la dulzura de su apertura, impropia para su potencia (72 Lb. a 28,5’’de apertura), la suavidad en su suelta, sin vibraciones ni latigazos y la regularidad de sus impactos, aún con flechas muy radicales. Un gran arco sin ninguna duda.

Utilizamos flechas AXIS – EASTON® Cal. 300 que ya dan 11,5 grains/inch y las lastramos en su interior con flechas de fibra para tiro. Cortadas a 29’’ y provistas de puntas de 150 grains daban un set de peso de 600 grains. Con ello buscábamos gran penetración e inercia para romper huesos perdiendo algo de velocidad, cuestión poco importante en tiros de 20 ó 25 m. Agradecemos a ARCONORTE - L’AMIC el tiempo y el interés empleados en pruebas hasta encontrar la mejor opción.

Respecto a las puntas de caza, tuvimos la oportunidad de probar la SILVER FLAME de GERMAN KINETICS® suministradas por ARCODOS, en su versión de 150 grains. Es una punta de buen diseño y hoja muy robusta, con un afilado de serie bastante bueno. Se fabrica en 100, 125, 150, 180 y 210 grains, mantiene sus ventanas en la hoja hasta los 180, y vuela bien, sin planeos. La punta hizo bien su trabajo pero en las ocasiones que rozó tangencialmente un hueso, el extremo de su punta llegó a doblarse y cambiar su trayectoria perdiendo bastante penetración. Es una buena punta pero opinamos que funcionaría mejor biselando el extremo inicial de su filo, al estilo de las BONEBUSTER o las viejas BEAR. Como modelo tradicional y difícil de superar usamos la ZWICKEY SKYMO también de 150 grains a las que ya desde hace tiempo también les hacemos esta modificación. Pasaban los antílopes como si fueran de queso. Hasta pronto.

Mario Bregaña Etxeberria



 

 

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