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V - Relato Luís Rumanía

Hola a todos.

La del oso.

Por resumirlo de algún modo podría decir que la experiencia ha sido acojonante, en el sentido figurado y en el literal del término. Pero eso sería resumirlo demasiado.

Os cuento la batallita entera, porque siempre hay gente sin nada que hacer (como yo en este momento), deseosa de matar el tiempo.

Como os conté a través del foro estuve cazando en Zimbabwe en Marzo de este año. Volví harto de caza; al menos eso es lo que yo creía y lo que le conté a mi mujer. Lo cierto es que no la mentí de mala fe: En lo último que podía pensar al tomar tierra en Madrid es en meterme en otro viaje de caza. Llevaba ya unos día en España y me encontraba cambiando impresiones con Orix del safari recién acabado cuando saltó la liebre: "En Octubre me voy a Rumania...". Pues ya me has jodido... pensé para mis adentros. La idea fue cuajando. Orix tiene por costumbre (sana costumbre) conocer personalmente los destinos antes de mandar los cazadores, para evitar la proliferación de cazadores-cobaya que vuelven echando pestes de destinos y organizaciones poco recomendables.
Había oído hablar mal de Rumania, más concretamente de los organizadores rumanos: que si estiran la piel del oso para medirla hasta límites insospechados para obtener la máxima puntuación, que si lo desuellan haciendo trampa para falsear las mediciones, que si el metro está trucado, etc., etc. es decir: auténticas máquinas de sacar dinero al panchito de turno. Mi razonamiento fue: Siempre será menos probable que me la intenten meter doblada si voy con el agente en España que si voy de cruzada en solitario. Este era mi argumento, o quizá sea sólo una excusa para hacer lo que en verdad quería hacer: Ir a Rumania.
"¿Pero no acabas de decir recién aterrizado de Zimbabwe que el safari ha sido un éxito (vaya si lo fue) y que estás empachado de pegar tiros?¿Y ahora, Hala! a Rumania! Todo seguido, como el pasodoble!!". Me inquiría mi mujer con cara de no entender nada.

Poco después tuve un serio problema de salud que me hizo dudar de la conveniencia de hacer el viaje. Finalmente me recuperé mejor de lo que yo mismo esperaba y decidí darme un homenaje y transmití a Orix mi idea de ir a por todas: jabalí, oso, lobo...

Llegó el puente del Pilar, que era la fecha prevista, y me reuní con Orix en el Aeropuerto de Madrid. Los trámites fueron rápidos y nos embarcamos rumbo a Budapest (Hungría), para de ahí pasar en coche la frontera con Rumania. En Budapest nos esperaba el outfitter rumano, de nombre Mihail. Era un joven de cara aniñada, tez blanca y ojos claros. Me rompió los esquemas: Yo pensaba que los rumanos eran morenos, muchos de ellos gitanos, y casi todos con bigotón. Por lo visto debe de ser un mito. "También la imagen en todo el mundo de un español es la de un personaje que se pasa el día comiendo jamón y toreando..." pensé.
Después de varias horas de coche algunas cosas me sorprendieron: Tenía otra idea de la Europa del este. Me imaginaba un país más caótico y pobre. Sin ser abundantes los detalles de lustre, la verdad es que las condiciones de alojamiento, carreteras, comidas, etc. me sorprendieron gratamente.





También hay que destacar que la caza allí es auténticamente salvaje, siendo raros los cercones y mallas. Por otra parte me di cuenta de que al oso se le ve con una dicotomía muy evidente: El gobierno como una fuente de divisas y que por lo tanto hay que cuidar, y el hombre rural agricultor-ganadero como un enemigo a exterminar. Algo parecido a lo que ha pasado, y sigue pasando, aquí con el lobo; Pero con una diferencia muy importante: El lobo "solo" come carne, y el oso arrasa con todo: maizales, gallinas, frutales, panales de miel, huertas, terneros... Las calorías que ingiere atrapando una oveja le costaría días y días de vagar por el monte buscando raíces y bayas. Imaginad además la energía que hay que gastar para mantener ese cuerpazo a temperaturas tan bajas. Al final van a lo fácil y asaltan las huertas y los corrales. Por ello son muchos los que mueren con lazos y venenos, y ello obliga a veces a cambiar de cazadero por muerte de los osos que se pensaban seguros y localizados en la zona.


Primer día de caza:
A primera hora tuvimos que ir a la oficina del gobierno de la zona.
Un hombre de bigote, circunspecto y recio en el trato nos recibió: D. Calchio (o algo así), alias Mr. Papelorum. Tan era así que yo, anonadado ante su imponente presencia pensé que era el dueño del área de caza. Parsimoniosamente nos relataba anécdotas mientras rellenaba y rellenaba ingentes cantidades de papeleo y documentos.
Nos ofrecía de forma compulsiva tragos de paninka:Una especie de orujo típico de la zona a base de ciruela.
Con sus gafas de présbita parecía no tener fin su avidez por escribir y escribir. Yo no entendía a que venía a cuento tanto papeleo y me daban ganas de levantar la mano para decir: "Yo solo venía a por un oso"
Medio cocidos por lo vasos de paninka que nos habíamos metido entre pecho y espalda desenfundamos las armas bajo la mirada de un grupo de 8-10 cazadores. Algunos son guardas del gobierno. Otros son cazadores deportivos rumanos, y otros colaboran con tal de llevar carne a sus casas. El sueldo medio allí son 100-150€ y el precio de las cosas no está en absoluto proporcionado a esa realidad. Para ellos medio jabalí es llenar el puchero muchos días y un buen trofeo no es el que tiene un buen colmillo, sino el que tiene mucha carne.
Había traído para la ocasión un arma que pensaba que me podría valer para cualquier situación: esperas, batidas, oso, jabalí, venado... Un Winchester en calibre 338WM con un visor Zeiss 3-12x56 con retícula iluminada. Orix desenfundó el tiragomas que acostumbra: Un Máuser calibre 7x57. Yo le bromeaba: "Cuando te hagas mayor tirarás con rifle de hombres".
El cazadero era de bosque caducifolio, hayas, y en menor medida, robles. El suelo estaba sorprendentemente limpio porque la luz no llegaba hasta él, y por ello era fácil para cazadores y animales desplazarse a pesar de la aparente frondosidad de la zona.
 




 

Me aposté junto a Mihail y un tal Ion, jefe de los guardas de la zona y supuesto conocedor de las querencias de los animales. Por supuesto a nuestros pies el vaso de paninka, cuyo nivel misteriosamente nunca bajaba pese que a que a esas alturas yo sentía que vivía agarrado al vaso.
Visto el puesto decidí quitar el visor. El comportamiento de los jabalís era peculiar. Se oía claramente como rompían monte (o mejor dicho como rompían suelo, porque era la hojarasca del suelo lo que metía bulla). Cuando se podían vislumbrar en el fondo del bosque como vagas sombras, se paraban para escuchar y tomar el aire, para a continuación trotar unos metros más armando mucho estruendo y volver a parar. Aproveché una de esas paradas para tirarles fallándoles (yo creo que porque no les veía bien), y matarlos cuando venían en carrera por su querencia hacia el puesto. Por supuesto más paninka para celebrarlo. Nunca había tenido tanto calor haciendo tanto frío.





 

Ese día no vimos ningún oso. Por lo visto jabalí y osos no son familias bien avenidas y procuran evitarse, sobre todo los primeros a los segundos. Explicaron que en zonas de osos las densidades de jabalí nunca son abundantes.
Al finalizar el día visita de rigor a la oficina donde Mr. Papelorum se puso a rellenar ante nuestras barbas más y más papeles.

Segundo día de caza:
A primera hora rogamos que nos ahorrasen la visita burocrática a la oficina. Tuvieron clemencia y nos hicieron caso pero, eso sí, nos amenazaron con una comida de celebración al día siguiente teniendo como invitado estrella a Mr. Papelorum, que al día siguiente andaría cerca de la zona de caza concursando con sus sabuesos.
Me dicen que vamos a una zona donde los osos tienen muy cabreados por sus fechorías a sus pobladores. Realmente no estábamos muy lejos de donde cazamos el día anterior.






 

Camino de los puestos uno de los guardas me enseñó lo que según él eran excrementos de oso, sin dudarlo de que así fuera, no era menos verdad que eran por lo menos del pleistoceno, por lo que no me hicieron albergar muchas esperanzas. Poco después vimos en una vereda húmeda una huella que si que parecía relativamente fresca. Llegados a un hayedo Ion y un guarda de ojos claros que parecía el mejor conocedor de los osos se pusieron a parlamentar sobre el emplazamiento del puesto. Al final nos quedamos allí.




Por supuesto, lo primero que hicimos fue meternos en vena la dosis de alcohol oportuna. Era una laderón de hayas estando yo acompañado por Mihail y Ion en su parte más baja. El desnivel era considerable y a mis espaldas discurría un riachuelo de aguas rápidas. Delante y a mi izquierda tenía una pequeña hondonada y al otro lado de la misma había otra ladera con árboles y matorrales dispersos. Me senté en una silla que amablemente me cedió Ion apoyando mi espalde sobre el tronco de un árbol porque la inclinación del terreno así lo aconsejaba. Mi preocupación era que nunca había visto un oso (solo en los zoológicos) al natural, y que cualquier animal, ante la emotividad de lance, me pareciese tirable. Temía abatir un oso adolescente. Me tranquilizó diciendo que el me diría si el oso merecía la pena. Ah! También me dijo que bebiese más paninka. Cuando con mis gestos le quería hacer ver que estaba al borde del coma etílico me miró con condescendencia como diciendo: "Mierda de niñato..."

Llevaríamos una hora en espera cuando a unos 50-60 metros cruzaba a toda pastilla por lo alto del monte lo que yo creía que era un jabalí. Al encararme el rifle pude comprobar que en verdad era un oso pequeño que corría despavorido. Después me contó Orix que una hembra con dos crías quería cruzar entre dos puestos y el guarda de ojos claros le había echado dos cojones y agitando los brazos los obligó a volver a la batida. Probablemente se trataba de una de las crías. Pensé que si por donde pasó el pequeño iba a pasar el grande sería prudente poner el visor al rifle, y eso hice con gestos de desaprobación por parte de Ion.
No pasó mucho tiempo cuando Ion señaló: urs mare! (oso grande!)Había visto fugazmente un oso en la ladera que estaba a mi izquierda. Se lo había tragado la tierra pero allí tenía que estar, entre la maleza, a unos 60 metros de mi postura. El oso estaba escondido calibrando la situación porque para entonces los ladridos de los perros y los batidores voceando eran evidentes. Probablemente el oso estaba en el dilema de que hacer: retroceder hacia atrás arremetiendo contra los que venían metiendo ruido, o romper hacia delante por su querencia intuyendo que algo raro se encontraría en su camino. Me levanté y me adelanté un par de metros para buscar apoyo en una rama. Escrudiñé la zona donde Ion me había señalado el oso poco antes. Con ansiedad buscaba y rebuscaba con el visor en 5 aumentos intentando localizar un codillo deseoso de recibir un tiro... Pasados unos segundos Ion dijo: "Urs viene...". Me imaginaba al oso bajando perezosamente y bonachón al otro lado de la hondonada y redoblé los esfuerzos por localizarlo con el visor, pero no lo conseguía. Súbitamente, y mientras yo revisaba impaciente lo que estaba a 60 metros, Imbécil de mí!! sentí como que EL TERRENO SE LEVANTABA a escasos 15-20 metros de mí. Aparté la cara del visor y observé espeluznado como una locomotora con pelos marrones descarrilaba hacia abajo y sin frenos entre ruidos guturales. Su mirada fija en la mía buscando paralizar por el terror. Podía leer perfectamente como en su frente llevaba escrito: TE ODIO!. Totalmente descompuesto y sintiéndome superado por la situación me encaro el rifle (¿que otra cosa podía hacer?). Horror! Maldije en ese momento mi atrevimiento al poner el visor poco antes. Con 5 aumentos lo que yo veía era todo oso y la sensación de pánico aumentó en mí. Agigantada por el visor aparecía ante mí una enorme masa peluda salpicada de dientes y uñas.
Parece mentira lo que da de si la mente. Incluso en semejante trance te da tiempo, en esa pequeña fracción de segundo, a pensar cosas que se agolpan sin orden...:
-La primera:
¿Quien me habrá mandado a mí venir a tocarle los cojones al oso a su bosque?. A fin de cuentas, en el fondo es hasta majetón. Y que bien estaría yo en casita enmantado viendo "Aquí hay tomate" a estas horas.
-La segunda:
Y no menos importante. Más me vale dejarlo tieso y clavado con el primer tiro, porque si baja de semejante mala hostia estando sano, ni me quiero imaginar en lo que se puede convertir estando herido...
-La tercera:
Mientras apuntaba a todo con mi visor sin saber donde tirar yo ya no sabía si el oso estaba a 10 o a 1 metro de mí y a punto de ser su aperitivo. Os digo de verdad que el visor en estos casos es torturante. No calibras ni la distancia ni el peligro.
Sin saber si apuntaba al escroto o a la rabadilla apreté el gatillo. Al desencarar el rifle para ver QUE ESTABA PASANDO (es tragicómico pero es la puta verdad) observé con alivio dos cosas: Por una parte que yo estaba entero y sin rasguños, y por otra que el oso había desviado su trayectoria y pasaba escasos metros a mi izquierda cuesta abajo hacia el arroyo. Con disculpable torpeza (estaba completamente shockado por la escena) recargué y le envié otro tiro que yo creo que se fue trasero.
Se hizo un silencio ominoso mientras MIhail, Ion y yo nos intercambiábamos miradas. El lenguaje de la caza es universal, sin hablar una palabra las miradas lo decían todo. ¿Como estaría el oso?: Tocado?, Moribundo?, muerto? ILESO? No sabía a que carta quedarme.
En esas estábamos cunado comienza a sonar una ensalada de tiros 40 metros hacia abajo, en el arroyo. Suenan al menos 15 o 20 tiros, todos ellos en la misma posición. Comienzan a gritar y vocearse en rumano. Pregunto que ocurre. Me dice Ion que el oso está recostado, malherido en el riachuelo y que intentan asustarlo para que suba de nuevo por su cauce hacia nosotros. Me contaron más tarde que el oso busca los arroyos y ríos para morir. Le dije que no hacía falta y que si Mahoma no va la montaña que sería la montaña la que iría a donde Mahoma: Que yo iría a rematarlo. Ion me replicó que ni hablar del peluquín porque era muy peligroso.
Tras más tiros infructuosos se hizo de nuevo el silencio. Poco después escuché la ladra de los perros a parado y fue rematado de un tiro por el peligro que suponía para cazadores, batidores y perros.
Conté los pasos que separaban el arbolito en el que me apoyé y las huellas más próximas del oso en su carga: 9 pasos largos, más o menos 9 metros. Los medí porque sentía que había vivido algo difícil de creer.
 










El resto del día transcurrió entre tragos de panika y la visita a papelorum para rellenar más y más trámites. Lo de ese hombre tenía su miga.









Tercer día de caza:

El objetivo del viaje estaba colmado.
Hicimos un par de ganchos a los jabalís por la mañana.









Fuimos a comer a la casa de uno de los guardas donde nos ofrecieron todo lo que tenían.




Apareció Mr. Papelorum con su portafolios debajo del brazo(cómico lo de verle entre vacas y con el maletín). Llegó henchido de gozo y de documentos que acreditaban que sus perros habían arrasado en el concurso.

Me gusta traerme cuando viajo un recuerdo personal de las personas con las que cazo. Con la visión nubosa por el alcohol me fijé que el guarda de ojos claros portaba en el cinto un cuchillo con asta de venado de aspecto artesanal. Estaba a punto de ofrecerle dinero por el cuchillo cuando me dijo que era un recuerdo de su hijo que vivía en España. se lo había hecho su hijo y con él se había defendido de tres osos llegando a malherir a uno de ellos. Me pareció mezquino ofrecerle dinero por algo así. Ofrecerle 50 euros sería tentarle con la mitad de su sueldo y probablemente hubiese accedido.
No hubo sorpresas desagradables en la oficina a la hora de las mediciones y los pagos, a pesar del miedo que tenía a ese momento. Fueron gente seria y honesta y la presencia de Orix también ayudó.






 

Con la nostalgia de las sensaciones vividas hicimos noche en la carretera de regreso a Budapest e hicimos un viaje de retorno sin incidentes en cuanto a vuelos o maletas.

Rumania me parece un destino muy atractivo: Sus gentes son encantadoras, te permiten involucrarte en sus costumbres y su rutina de caza. Sus trofeos, por calidad y variedad son destacables y permite hacer cacerías de 3-4 días con las consiguientes ventajas a nivel familiar y laboral.

Quiero agradecer a Orix el éxito de la cacería (no es la primera vez) y su generosidad como compañero de caza.

Saludos y buena caza.