De cazador para cazadores

III - Una visión diferente, un safari perfecto

Todo empezó la noche de fin de año del 2005 entre burbujas y risas el primer brindis de mi marido con un amigo cazador, fue para realizar durante el 2006 un safari en África. Al cabo de unos días y hablando de esto con unas amigas, me dijeron, ¿y por que no se los regalas tu?, ¿yo?, ¡por que debe ser carísimo!, a lo que ellas respondieron si lo había mirado, y no, la verdad era que no tenía ni la más remota idea de lo que podía valer una cosa así.

Le di vueltas a la idea y… ¿por qué no? era su gran ilusión, su sueño dorado y quizá yo podía hacerlo realidad. El sábado de esa misma semana me senté delante del ordenador dispuesta a buscar toda la información necesaria. Encontré unas cuantas páginas que me llamaron la atención, por su formato, por sus precios,…y a las que me parecieron más fiables, les mandé un e-mail, en el que les pedía información sobre un safari en África, pero, ya que yo era profana en el tema quería concertar una visita  en una oficina, para así poder ver con quien trataba el asunto.

Para mi sorpresa y aunque había entre las elegidas, páginas de renombre en el mundo de la caza española solo recibí una llamada el lunes siguiente de Carlos Mas. Igual de llana y sencilla que su página era él, y no pudo evitar su sorpresa cuando oyó que estaba buscando un safari para regalárselo a mi marido. Estuvimos hablando un buen rato y el feeling fue sorprendente. Resultó que Carlos vivía cerca de un pueblo muy querido por mi, Traiguera, el pueblo de mi padre, y nos invitó el día que quisiéramos a comer con él y con su esposa para poder hablar largo y tendido del tema. En aquellos momentos mi marido no sabia nada, pero fue Carlos quién, en esa primera conversación, hablándome del cielo de África, de sus estrellas,… me animó a apuntarme al safari, cosa que hasta ese momento ni tan siquiera había imaginado, ya que yo era de esa clase de personas que decía que nunca pisaría África y menos para un safari, vamos una urbanita total! Los días siguientes alguna que otra empresa (no todas) se pusieron en contacto conmigo por e-mail, pero ya nadie superó la confianza que deposité en aquel primer contacto con Carlos.

Hasta el día de la comida pasó un mes aproxidamente, durante el cual maduré la idea de acompañar a mi marido. Le di la sorpresa del viaje  y estuve en contacto telefónico con Carlos haciéndole mil preguntas.

La comida se realizó en Les Cases d´Alcanà. Fue fantástica y muy amena. Parecía que todos nos conocíamos de tiempo, conversamos, le acribillamos a preguntas, y salimos convencidos de que iríamos a Sudáfrica de su mano.

Durante los dos meses anteriores al viaje, Carlos y yo estuvimos constantemente en contacto. Carlos me facilitaba toda la documentación necesaria, me orientaba sobre todo lo que necesitábamos, ¡era increíble! mi marido solo tuvo que ocuparse del arma, un rifle 375 de cerrojo  con un visor Schmidt & Bender siguiendo los consejos de Carlos y de subir al avión El resto se lo preparamos entre Carlos y yo.

Decidimos la fecha y el 12 de abril, a las 21:30, después de semanas de nervios y preparativos y por que no decirlo, de alguna lágrima por mi parte, pues dejábamos a tres niños muy pequeños en casa, estábamos en el aeropuerto de Barcelona con destino Madrid, Johannesburgo, Kimberley y Gamagara, Jordi iba a realizar su sueño y yo estaba a su lado para compartirlo.

 El viaje fue fantástico, todos los enlaces perfectos. En Johannesburgo nos esperaba el guía que nos dijo Carlos, para hacer el trámite del arma, ningún problema, y al llegar a Kimberley nos esperaba Le Roux, el guía de Gamagara. Hicimos el viaje de tres horas con él y con su pareja, que sin saberlo, había viajado con nosotros de Johannesburgo a Kimberley.

Parecía que estábamos en otro mundo. Solo había naturaleza a nuestro alrededor, ni ciudades, ni atascos, nada, solo la naturaleza y nosotros rodando por esas carreteras donde se te perdía la vista sin ver el final de la recta.
 
A las seis de la tarde del día 13 de abril pusimos los pies en Gamagara. Le Roux nos llevó hasta nuestra “casita” y nos dijo que en una hora aproximadamente tomaríamos en el jardín un aperitivo antes de cenar, el primeros de muchos ya tienen por costumbre hacerlo antes de todas las comidas, cosa que nos pareció fantástica Tomábamos unas copas y conversábamos como podíamos. Nuestro inglés es muy rudimentario y el acento de ellos un poco extraño a nuestros oídos, pero nos comunicábamos igualmente. 

El hotel, sin ser un 5 estrellas tenía todas las comodidades, un jardín muy bien cuidado piscina, salones, una cocina a nuestra disposición como si fuera un self service de 24 horas,… y  las habitaciones eran casitas independientes.  Todo era como un sueño, estábamos en África y teníamos ocho días por delante. 

Pero no vamos a engañarnos, la sabana no es mi hábitat natural ¡ni mucho menos!  Necesité un par de días para acostumbrarme a una naturaleza y una fauna tan exuberante, pero lo conseguí y el esfuerzo valió la pena. 

¡Y ahora el safari¡ Jordi salía cada día de la habitación a las seis y media para desayunar con Le Roux y luego salir de caza, pero yo me levantaba más tarde tranquilamente, sin gritos ni prisas como en casa, aunque añoraba mucho a los niños estaba dispuesta a disfrutar del kit-kat que me ofrecía la estancia en Gamagara.  

Mis primeras mañanas fueron bastante iguales, desayunaba, leía,  me sentaba delante de mi portátil para trabajar un ratito, y tomaba el sol, hasta que llegaba ¡el cazador!, era fantástico. La primera mañana de caza abatió un blesbock, llegó entusiasmado, me explicó la experiencia  (¡como solo puede hacer un cazador!), y por la tarde con Odrie (la compañera del guía) los acompañamos.  Pero Jordi había pactado con Le Roux hacer todo el safari andando, el no quería matar ni perseguir ningún animal desde el coche, por lo cual los dejamos y continuamos las dos con el conductor dispuestas a cazar todos los animales posibles con nuestras cámaras fotográficas. Fue fantástico, tuvimos durante un buen rato delante de nosotros un grupo de jirafas, a tan solo 10 metros, las pudimos observar y fotografiar cuanto quisimos, pero la variedad de animales que encontramos fue increíble, igual que la paz  y la tranquilidad que nos envolvía. Así fueron también todas las primeras tardes, a la caza de imágenes, rinocerontes, suricates, ñus,.. aunque al mencionar este animal nunca olvidaré lo cerca que estuvimos de uno con el coche parado y sin conductor que no dejaba de observarnos y resoplar.

Para mi grata sorpresa Carlos nos mandaba mensajes desde el móvil  preguntando por nuestra llegada, los animales que Jordi iba coleccionando, si teníamos algún problema, si todo iba bien,… realmente increíble, ¡esto ni en la mejor agencia del mundo! 

Mi marido estaba radiante, nos olvidamos los dos del resto del mundo, (aunque los msm iban de Gamagara a nuestra casa, constantemente, pidiendo información sobre los niños). 

Así pasaron los primeros cuatro días, Jordi a parte del Blesbuck había matado un Orix, un Gran Kudu (realmente grande), y un Sprinbuck.  

Pero el cuarto día, Odrie se fue y en cambio llegaron a Gamagara un variopinto grupo de franceses: el propietario de Gamagara, su novia, una joven senegalesa que hablaba perfectamente el castellano, dos niños de 8 y 10 años, un matrimonio de unos setenta años encantador, dos amigos del propietario y un joven que seria el futuro yerno de este. La noche anterior a su llegada llegó también André otro guía de Gamagara que seria guía de una parte de ellos. 

Ya no volví a trabajar con el portátil, ni a leer tranquilamente por las mañanas, ni a desayunar sola con todo el salón para mi. Richard el propietario actuó como un buen anfitrión y… ¡no me dejaron parar ni un momento!. El primer día me llevaron de compras a Kathu y luego se distribuyeron en dos coches y yo iba alternando mis salidas con ellos de un coche al otro, así pude ver como era la persecución de un animal desde el pick-up, y os puedo asegurar que fue de lo más intrépido y divertido, corríamos detrás de ellos saltando por la maleza, fuera de los caminos marcados, para conseguir luego un abate o sencillamente para poder mostrarme algún animal, pude ver un puercoespín en acción, que luego mataron para poder degustar su carne, y fotografiar todos aquellos animales que aún no había conseguido. También vi los últimos suspiros de unos cuantos hermosos animales,  pero esto mejor dejarlo para los cazadores. 

Los días pasaban demasiado rápido y yo ya me había enamorado de África, ahora entendía la pasión con que me hablaba Carlos,  en cuantas ocasiones al atardecer, mirando el cielo en aquel paraíso, decíamos Jordi y yo que lo mejor seria que nos mandasen a los niños para poder seguir disfrutando de aquel entorno, pero esto era imposible, la cuenta atrás era irremediable.

Las sobremesas de la cena pasaban entre revistas de caza, comparando precios de los rifles, de las ópticas,… a estas alturas os podría hacer una disertación sobre ello pero seguro que los cazadores ya lo sabréis y a la mayoría de mujeres mucho no nos apasiona, aunque os puedo asegurar que con todos los preparativos y con todas aquellas sesiones he aprendido un montón sobre calibres, armas y demás.


Jordi mientras, seguía con la cacería, el séptimo día ya había echo todo el paquete, añadiendo a los animales que ya tenia, el hartebeest, el impala y el duiker. Siete en total que ya estaba bien para un primer safari.

Y fue en ese séptimo día en el que Le Roux y André nos invitaron a cenar a Kathu, la ciudad más próxima a Gamagara, aquello era todo un privilegio, nos llevaron a un restaurante impresionante, la decoración era exquisita, el servicio lento pero extremadamente cordial y la comida buenísima. Pasamos una velada inolvidable. Antes de marcharnos del restaurante hubo un apagón de luz, primero nos dijeron que solo afectaba al restaurante pero minutos después nos confirmaron que no, ¡que toda la ciudad estaba sin luz! Para ellos era un suceso normal, nos dijeron que a veces pasaba, sin darle más importancia, pero allí no terminó la noche, sin luz y todo nos llevaron a tomar una copa, la música del bar aquella noche llegaba de los vehículos de los clientes y la  tenue luz del interior gracias a un generador,  allí probamos la bebida típica de la noche sudafricana, un chupito llamado sprinbuck echo con menta y amarula, un licor delicioso elaborado con una fruta sudafricana. Después de unas cuantas copas nos marchamos hacia el hotel. 

Y así llegó el último día de caza, Jordi ya tenia su paquete completo pero le pidió a Le Roux salir a por un facochero, sabiendo los dos como había disfrutado yo en mis salidas con los franceses, decidieron dedicarme el último día, la caza se haría desde el pick up y haríamos un almuerzo al aire libre; después de mucho sol, fue un día extremadamente caluroso y  de persecuciones a todo gas Jordi consiguió un ejemplar, fue un día fantástico. Le Roux nos montó al lado de un lago una mesa y nos sirvió la comida que llevaba preparada desde Gamagara, aunque insistimos en ello no quiso comer con nosotros, así tuvimos aquel romanticismo de película, en plena naturaleza y a miles de kilómetros de casa.

Y hablando de comida… la cocinera de Gamagara bien se merece una mención especial, ya que todo fue excelente, las ensaladas, las sopas, los cocidos, los postres ¡y la carne!, de impala, de hartebeest, de duiker, todas eran buenísimas. Carlos nos dijo que se comía muy bien, pero la verdad es que poco nos lo imaginábamos. La comida era exquisita.

Y para finalizar os contaré mi pequeño trofeo, Carlos nos avisó que podíamos comprar piedras preciosas a muy buen precio en el aeropuerto de Johannesburgo, pero al llegar a Gamagara y hablando de esto con Le Roux nos dimos cuenta que todos los cambios de avión que nos esperaban hasta nuestra llegada a Barcelona eran cronometrados, teníamos muy poco tiempo por lo cual seria imposible entretenerse en el aeropuerto de Johannesburgo para realizar cualquier compra, a lo que Le Roux nos respondió que no había problema, que si queríamos el último día el mismo nos acompañaría a una joyería de Kimberley para comprar lo que quisiéramos, y así lo hizo. 

Llegó el último día, y a las nueve de la mañana salíamos de Gamagara. Al llegar a Kimberley, le dimos al disecador de Sudáfrica todos los trofeos conseguidos para su preparación y posterior envío y nos fuimos a comer con Le Roux y el chico que había llevado los trofeos. Después de la comida Le Roux cumplió lo prometido y yo salí de Sudáfrica con un precioso diamante. 

En definitiva,  fue un viaje extraordinario, sin ningún imprevisto, una experiencia única que esperamos poder repetir algún día con nuestros hijos. El único inconveniente, para mi, fue estar en un país tan increíblemente bello y no poder visitarlo más extensamente, pero todo se andará,… 

Seguimos en contacto con Carlos, es un hombre extraordinario, con una humanidad y  un “saber hacer” increíbles, el hizo realidad un sueño y todos los elogios son pocos para describir a una persona que no se preocupa solo de prepararte un viaje, sino que te ofrece su amistad y que lo sientes a tu lado a 10.000 kilómetros de distancia. 

Quisiera terminar este relato con unas palabras que no son mías pero que muy bien describen la sensación que llevo dentro y el anhelo de volver a pisar algún día la sabana africana. 

 “UNA VEZ QUE HEMOS TOCADO LA NATURALEZA SALVAJE UNA PARTE DE ELLA VUELVE CON NOSOTROS”

 Peter Pickfort.



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