De cazador para cazadores

Cocodrilos en el Kruger



Sudáfrica es un país de 50.500.000 habitantes, con una extensión de 1.219.912 Km2 y unos índices de crecimiento envidiables para la que está cayendo en nuestro país. Está libre de malaria y es bastante asequible para un europeo. La comida y la bebida, sobre todo el vino y la cerveza, son de una calidad excelente.

Políticamente, está dividida en 9 provincias y 3 capitales: Pretoria (administrativa), Bloemfontein (judicial) y Ciudad del Cabo (legislativa), siendo el país más desarrollado de toda África. Tiene una economía basada en la minería (carbón, oro, diamantes y platino), la agricultura y sus transformados, la aeronáutica, el sector automovilístico, el energético, el turístico (debido a sus numerosos parques nacionales) y el cinegético, que tan bien saben explotar, lo cual agradecemos.

Los idiomas principales son el inglés y el afrikáans, derivado de sus colonos holandeses. El parque nacional Kruger, es el más grande y emblemático de Sudáfrica, con una superficie de 19.480 km2, algo así como la provincia de Cáceres. Este parque, está unido por el norte al parque nacional de Gonarezhou, en Zimbabwe, y por el noreste, al parque nacional Limpopo en Mozambique, formando entre ellos un gran macro-parque, donde se mueven libremente los animales.

En el que nos ocupa, el Kruger, unos años atrás del mundial de fútbol que tan buenos recuerdos nos trae, estaba prohibida la caza regulada de elefantes, pasando éstos de 9.000 a 18.000 que hay en la actualidad, siendo esta gran densidad la que origina muchos problemas, ya que salen continuamente de éste parque mucho de éstos grandes paquidermos, a través de los ríos o rompiendo las vallas que lo delimitan, así como también otros animales como hipopótamos, cocodrilos y leones. Esto provoca que, en los alrededores de éste parque, muy poblados en la actualidad, sus habitantes se vean obligados a abandonar sus casas y cultivos, preocupados por su integridad y sus propias vidas. Son estos exiliados forzosos, los que dan el primer aviso al servicio oficial de guardería, que son los encargados de eliminarlos, llevarse la carne y desaprovechar los trofeos en la mayor parte de las veces, salvo el marfil de los elefantes que acabará en China.



Después de medio año preparando el viaje, y contando con unas fechas poco propicias para la caza que se iba a desarrollar (coco e hipo), me desplazo a mediados de febrero (la única fecha posible), a Johannesburgo, donde me está esperando Sandra y Stefan. Sandra es hija de Carlos Mas y ha tenido la suerte de convertir su pasión en profesión, siendo PH. Tras un agradable viaje de 4 horas, nos instalamos en un precioso lodge de caza decorado con muchos animales perfectamente naturalizados y de un gusto exquisito en las afueras de Malelane, en la provincia de Mpumalanga, puerta del Kruger.



El objetivo del safari, como he dicho anteriormente, es hipopótamo y cocodrilo, y aunque estoy advertido de la mala fecha que he elegido, ya que al llover casi todos los días, los ríos llevan mucho caudal, hay excesiva comida y vegetación y el calor es exagerado y provoca que no salgan los cocodrilos a sestear y regular su temperatura corporal, confío en mi suerte y salimos esa misma noche a un espeso campo de maíz, donde un buen hipo la suele visitar desde hace una semana. Nos dan las tres de la mañana y no aparece.
Al día siguiente vamos a ver que ha ocurrido y comprobamos que otro más pequeño había acudido, pero se fue sin detenerse. Por lo visto, harto el propietario de los destrozos que les provocaba y que nadie le indemnizaba por ello, había sulfatado la finca, con lo cual, la descartamos y eso que teníamos muchas esperanzas depositadas en ella.



Hay que puntualizar que todos los días recibíamos avisos de diferentes puntos, donde nos advertían de hipos avistados por la gente local o algún guarda que esperaba a algún cazador para su abate.

Decidimos visitar otra laguna no muy alejada, donde nos comentan que hay una pareja merodeando por la zona, pero tras visualizar y recorrer su perímetro, no hallamos huellas recientes por lo cual, también quedaba descartada. Con la mañana consumida y después de comer, nos vamos a una serie de lagunas conectadas donde hay cocodrilos, y las cuales tienen la ventaja de no llevar corriente como los ríos, pero aunque avistamos algunos, no salen a la arena.



Al tercer día madrugamos para esperar la salida de los cocodrilos a la orilla, aunque sólo decidieron aparecer los pequeños. El plan para la tarde era ir al río Krokodil River, que hace de puerta al Kruger, donde habían salido 2 hipos, pero durante la comida, una llamada telefónica nos comenta la posibilidad de cazar un elefante que acaba de salir del parque en la misma zona. No tuvimos suerte, por que al llegar, el elefante había vuelto a su zona. Todos lo sentíamos, en especial los lugareños que se quedaban sin carne y Stefan sin colmillos.



Los hipos tampoco dieron la cara, por lo que decidimos desplazarnos a unas charcas a una hora de coche, donde nos indicaron que había uno al lado de un poblado cercano. Al llegar, cerca del anochecer, nos esperaban muchos lugareños deseosos de que lo cazáramos, es más, se situaban en todos los caminos e incluso entre nosotros, que íbamos provistos de tres rifles. Nunca había visto tan cerca el peligro, nunca. Sólo tenía ganas de dar marcha atrás, pero eso hubiera sido tal vez peor, ya que se hizo de noche rápidamente. Ayudados de unas linternas, intentábamos batir la zona, pero aunque no tuvimos éxito, creo que si tuvimos suerte, ya que aunque los lugareños lo hacen inconscientemente para estar presentes y participar en el reparto, la escena era peligrosa.



Al llegar al lodge bastante tarde y cansados, al terminar de ducharme, Sandra me comenta que vamos a ir a por los cocodrilos con los focos, al estar estos más activos. Salimos cargados con un rifle 223 con silenciador para no dañar el trofeo, ya que será un tiro al cerebro. Al cabo de media hora y después de ver a varios de menor tamaño, Stefan alumbra a uno próximo a la orilla y me dice que es bueno. Al principio, al no entender por que sólo se ven los ojos y un poco el cráneo, tengo la sensación que es pequeño, aunque él me asegura que es tirable. Si, pero ¿a donde se le tira? El tiro al cerebro, no lo contemplaba durante el viaje y encima es de noche.



Sigo dudando por lo que está en juego y al no tenerlo claro, abandono. Al amanecer del cuarto día, Sandra me explica como debe ser el tiro. Volvemos a los cocodrilos para esperar que salgan a la arena, pero ninguno nos honra con su presencia, por lo que acordamos poner un cebo para la tarde. Para ello, Sandra se desplaza a un poblado y compra pollos vivos, los cuales ataremos en la arena de la orilla y haremos allí la espera. Nos estábamos acomodando en el puesto, cuando el propietario de la concesión, Jasper, ata dos de los pollos a un tronco varado en la orilla, y al retroceder a por más, aparece del río un cocodrilo pequeño que agarra el tronco en el que están atados los pollos y lo arrastra hasta el río ante nuestro asombro. Jasper reacciona y le comienza a arrear con un palo hasta que el animal desiste y puede recuperar el tronco. ¡Para verlo!, lo que es el hambre y el atrevimiento del inexperto.

Ya con todo en su sitio, la calma es total. Pensamos que se pueden haber asustado e igual no sale ninguno. Tras hora y media sin ver nada, unos patos salen asustados de los juncos próximos al río. Buena señal. En eso, aparece un cocodrilo de unos 2 metros y medio avanzando hacia el pollo que tenemos más cerca, lo coge y se queda estático ofreciéndome todo su lateral, lo cual agradezco porque puedo ver perfectamente el final de la comisura de su boca, donde tiene el tiro perfecto antes del llegar a la zona del cuello. No realizo el disparo, ya que poco a poco van apareciendo sus compañeros, hasta tres, y además de mayor tamaño. Uno de ellos pasará de los 4 metros, pero se muestra muy cauto.

Así estuvimos otra hora y media en tensión, ya que no salían del todo, pero tampoco se iban, y eso que el pequeño seguía afuera. Parecía que presentían algo, hasta que el primero terminó de comerse un pollo e iba a por el segundo. Esto debió parecerle suficiente a uno de los grandes, para decidir salir como una exhalación a por su parte del festín, pero con la misma velocidad volvió al agua no dando opción alguna a poder tirarle.

Media hora más tarde, otro animal decide irse y es entonces cuando uno de sus compañeros se acerca a la orilla, pero sólo saca medio cuerpo del agua, quedándose en esa posición sin avanzar. Le comento a Sandra que le voy a tirar ya que igual se vuelve y me quedo sin ninguno, porque están raros. Está en el fondo, pero yo estoy apoyado en el suelo y le veo bien esa zona del tiro perfecto. Medirá 3,50 metros y a mi me vale.



Disparo con un 308 y se queda en el sitio, ya tengo mi cocodrilo. Desatamos los nervios y después de la sesión fotográfica. Nos desplazamos a un estanque donde el propietario ha avistado por la mañana a 2 hipos. Resultaron ser una hembra y otro joven, por lo que los descartamos.

Al volver al campamento, ya había caído la noche. Tras cenar, salimos con el foco a las charcas y lagunas que visitamos la noche anterior a intentar tirar a otro cocodrilo. Decido tirarle a uno en el mismo sitio donde le vimos ayer y también se queda en el sitio a pesar de ser una bala muy pequeña, una 223, pero nos hemos equivocado y resulta ser pequeño, de uno 2,5 metros, una pena pero alguien lo agradecerá cuando se encuentre con un bolso o cinturón.

No pasa nada, seguimos buscando en otra laguna, donde descubrimos a otro que esta vez parece mayor. También decido cobrarlo y resulta ser un macho precioso, algo mayor que el primero que cazamos en la tarde. El objetivo del safari está cumplido, aunque no he conseguido el hipo, me llevo tres cocodrilos que me satisfacen aún más. Unos cubatas para celebrarlo y a la cama, aunque reconozco que pude dormir poco, recordando las vivencias.



A la mañana siguiente, sesión de fotos .Tras terminar, continuamos el viaje hacia Modimolle, donde tienen la casa Stefan y Sandra, en el Limpopo, lo que nos lleva 4 horas y hacer noche allí y regresar a España al día siguiente.

Tras cenar, nos quedamos viendo un programa humorístico de cámaras ocultas en la tele y cuando me estaba amodorrando se le ocurre decir a Sandra que vamos a farear.

¡Coño!, eso si que es despertar. No pierdo el tiempo ni para calzarme y me voy con las chanclas. Me dice que me regala un puercoespín y nos dirigimos a una finca de un amigo, en abierto, a una hora de camino. No llevábamos ni diez minutos cuando Stefan ve un serval. Lo tiro con un 22 y lo consigo. ¡Menuda alegría! Quien me iba a decir que conseguiría un serval. Estuvimos con el foco 5 horas y para mi fue de lo mejor del safari, ya que conseguimos además un chacal y dos buenos duiker y puercoespín.









Simplemente IMPRESIONANTE. Y sólo me queda dar las gracias a esta querida pareja compuesta por Stefan y Sandra de Carlos Mas Safaris, que con tanto cariño me ha acogido.

Félix Martínez Limpopo, Sudáfrica 2.013

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