De cazador para cazadores

XXV - El primer safari de Pedro

Todo empezó con una comida en un conocido restaurante de Vinaroz, Castellón. Después de varios correos y alguna llamada telefónica consultando con Carlos algunas preguntas y dudas,  quedamos para comer. También me acompaño en la comida mi amigo Francisco. Era el mes de junio de 2009, y ya estaba decidido a hacer mi primer safari, aunque no fue hasta finales del mes de noviembre cuando finalmente confirmé el paquete de antílopes que quería y las fechas de mi viaje. Septiembre de 2010.

 A partir de entonces, realmente me invadieron y me quitaban el sueño decenas de preguntas y dudas que Carlos iba resolviéndome sin ningún tipo de problema. No podía creerme que iba a cazar en África, el sueño de cualquier cazador, el sueño de mi vida, y lo iba a cumplir con 27 años. Los meses, los días e incluso las horas pasaban lentamente y en mis pensamientos siempre tenía presente el viaje, mi viaje. Fueron pasando los días y así, acercándose el verano.

 No fue hasta un par de días antes, sentado en el sofá de mi casa, repasando todos los papeles que debía de llevarme para la importación del rifle y ya casi empezando a hacer la maleta cuando de verdad empecé a asimilarlo y ponerme algo nervioso. Así fue todo:

 
1-09-2010

Eran las 16.05 h. Y estaba en la puerta de embarque K91, de la T-4 de Barajas, Madrid. No era la primera vez que viajaba fuera de nuestras fronteras llevando como principal motivo el cazar, y después de varios periplos cinegéticos por tierras rumanas detrás de corzos y jabalís, me disponía a embarcarme en el sueño de cualquier cazador. La aventura de cazar en África.


2-09-2010

Pisaba el aeropuerto de Johannesburgo sobre las 8.30 h. Allí me esperaba. Kobus y Kobus jr. A bote pronto me parecieron dos personas simpáticas, amables y atentas, cosa que después con el paso de los días fui ratificando. Después de aduanas y el papeleo para  la recogida del rifle, nos pusimos en camino hacia la finca. Teníamos unas 3 horas de coche. Hicimos una parada a medio camino para comer algo y continuar la marcha hasta hacer parada en la taxidermia en Naboomspruït, propiedad también de Kobus. Allí pude apreciar el magnífico trabajo que hacen y todo tipo de animales africanos que me impresionaron muchísimo, sobre todo por la envergadura de algunos de ellos. Al final llegamos a la finca después de un largo trayecto por caminos de polvorienta tierra de color rojizo.

Después de saludar a Susan, y dejar mis enseres personales en la que iba a ser mi habitación, Kobus jr. que es con quien iba a cazar me propuso salir de caza o descansar por el largo viaje que llevaba recorrido. Por supuesto, no me lo pensé ni un segundo. Salimos de caza. Faltaban pocos minutos para las dos de la tarde cuando por fin, llegó el esperado momento, un momento mágico el verme con el rifle colgado al hombro cuando la vista se me perdía por primera vez en la inmensidad de la sabana.

 

Salimos en dirección sur, bajando por una colina ancha en la que al poco tiempo de andar nos sorprendieron varios babuinos. Al rato divisamos dos ñus bastante aceptables de tirar pero nos vieron enseguida y salieron por patas y entonces decidimos seguirles la pista. Cuál fue nuestra sorpresa, que intentando seguirles, nos topamos con otra manada de ñus que no pudimos ni ver debido a lo espeso de la vegetación. Al momento también nos sorprendió un gran Kudu. Es increíble la facilidad que tienen estos animales de camuflarse con lo grandes que son. Era un animal precioso, y un muy buen trofeo, según Kobus superior a las 53 o 54 pulgadas. Desde ese momento, no pude dejar de pensar en él. Seguimos la marcha hasta que divisamos dos ñus más. El primero que vimos era pequeño, pero el segundo era bueno y decidimos hacerle la entrada. Estaban en una llanura en la que había muy pocos árboles con lo cual solo nos quedó acercarnos a distancia de tiro arrastrándonos por el suelo hasta llegar a una piedra lo suficientemente grande como para poder cubrirnos de la vista de los ñus. Eran las 15.50 h. cuando vi por primera vez un animal africano dentro de mi visor. Estaba tumbado en el suelo, recostado sobre la piedra y con el rifle apoyado en un pequeño árbol. Intenté mantenerlo firme con la cruz en el codillo del animal y le solté el primer disparo, que aunque acusó, salió corriendo despavorido junto al otro ñu como si nada. Se perdieron entre la maleza. Kobus me decía que había sido un buen disparo y que lo encontraríamos más adelante ya muerto, pero yo no estaba tan seguro, me resultaba difícil de creer que con un tiro en todo el codillo aquel animal fuera capaz de correr como si nada, por eso pensaba que en el último momento lo había fallado. Empecemos a caminar en dirección a donde habían desaparecido y no anduvimos ni cinco minutos cuando ya los vimos. Al vernos salieron corriendo aunque enseguida nos dimos cuenta de que el grande acusaba el disparo, que finalmente cayó un poco trasero. Fue entonces cuando Kobus y yo empezamos también una intensa carrera intentando buscar un buen ángulo y posición de tiro. Cuando los ñus se detuvieron, Kobus me plantó el trípode para que le tirara, apoyé el rifle e intente buscar al animal por el visor. Cuando lo vi, me di cuenta de que estaba jadeante por la carrera, y me era casi imposible plantarle la cruz del visor dentro del animal ya que se movía rápidamente arriba y abajo al ritmo de mi respiración. En ese momento intente concentrarme al máximo, solté todo el aire de mis pulmones y contuve la respiración, puse la cruz a un palmo por encima del ñu y deslice la yema de mi dedo por el gatillo. Sonó el estruendo y la Nostler Partition de 200 grains hizo su trabajo. Cayó fulminado. Alegría intensa, porque fue mi primera pieza en Africa y por ser un lance muy bonito y un animal muy bueno, medalla de oro. El segundo tiro lo hice por encima de los 250 metros. Un buen trofeo y un muy buen comienzo.

 

Eran las 16.05 h. apenas dos horas de caza y ya tenía mi primer y ansiado trofeo. Después de las pertinentes fotos y de cargar el trofeo en el jeep, continuamos para ver si teníamos suerte con los impalas. Dimos con una manada de unos seis o siete ejemplares de los cuales dos o tres eran buenos trofeos. Intentamos hacerles la entrada pero cuando estaba a punto de tirar se percataron de nuestra presencia y se fueron corriendo. Me impresionó lo veloces que son estos animales. Seguimos detrás suyo hasta volver a dar con ellos, esta vez un poco más lejos. Reconocimos el macho más grande y le tiré. Incomprensiblemente lo fallé, quizás el miedo a que volvieran a vernos hizo que precipitara un poco el disparo. Salieron como alma que lleva el diablo. Nosotros tozudos, detrás. Hasta que pudimos volver a verlos esta vez bastante más lejos, por encima de los 300 metros al pie de una pequeña y pedregosa montaña y bastante tapados por la vegetación. Volvimos a descifrar cual era el macho más grande e hicimos el acercamiento. También arrastrándonos por el suelo durante un buen rato, tragando polvo de esa arena rojiza y pinchándonos las manos hasta ponernos a una distancia de tiro más razonable, aunque continuaba estando un poco lejos, por encima de los 200 metros. Esta vez si, sentado en el suelo, disparé y pude conseguir mi segundo trofeo, un bonito y gran impala al que solo le faltaron tres décimas en la medición para llegar a oro. Fotos y volvimos a casa. Un intenso y bonito día lleno de emociones fuertes, que además de conseguir dos muy buenos trofeos, no lo olvidaré por ser la primera vez que piso África.

 

3-09-2010

5.00 h. Sonó el despertador. A las 6.00 h. salimos de caza, esta vez Kobus, Kobus jr. y yo a carrilear con el jeep en busca del duiker y facos. Después de dos horas y ni rastro, solo un par de hembras de duiker, dejemos el coche y continuamos andando Kobus jr. y yo. A las 10.00 h. llegamos a casa. Comimos, y nos pusimos otra vez en marcha a las 10.45 h. pisteando con el coche durante un buen rato hasta que lo dejamos y salimos andando otra vez. Después de varias horas andando y sin ver nada, con un calor insoportable, mi ánimo empezaba a decaer. Facos!!! solo escuché esa palabra y me señaló en dirección hacia delante plantando el trípode y diciéndome que tirara que había una hembra grande. Apoyé el rifle y miré por el visor. Efectivamente, como por arte de magia habían aparecido delante nuestro facos aunque yo solo distinguía unos bultos de color grisáceo entre las matas altas hasta que a uno de ellos le vi relucir dos auténticos colmillos de color blanco. Automáticamente sabía que era a ese al que debía de tirar. Apunte y disparé. Hicieron falta 2 tiros más de remate, ya que le hice trasero, pero ya tenía el preciado trofeo africano por cualquier cazador español. El facochero. Una buena hembra que dio 11 pulgadas. Nos dirigimos después en dirección hacia el coche aunque dando un pequeño rodeo para ver si teníamos suerte también con el duiker. No fue así, aunque ya cerca del coche nos sorprendió a escasos metros de nosotros un buen macho de bushbuck, animal muy escaso y difícil de ver. Era un muy buen trofeo, seguramente daría oro y Kobus insistía en que le tirara. No lo hice. Prefería acabar primero el paquete que tenía contratado. Seguramente dentro de unos años me arrepentiré de no haberlo hecho.

 

Llegamos al coche y volvimos al campamento para poder descansar un poco antes de cenar, porque después nos íbamos a carrilear en busca del pequeño, difícil y esquivo duiker. A las 18.30 h. y ya cenados, salimos. Vueltas y más vueltas, vimos toda clase de animales, impalas, ñus, red hartebest, nyalas, bushbucks, tuve la oportunidad de tirar una hiena que luego me arrepentí, y hasta un cocodrilo vimos, pero de duikers ni rastro. Eran casi las 21.00 h. y en la trasera del pick-up nos estábamos quedando tiesos de frío y decidimos volver a casa. Cuando faltaban unos pocos de cientos de metros, allí estaba, al lado del camino, un bonito macho de duiker. Nuestro duiker. Por fin, después de todo el día pateando y pasando mucho calor, allí estaba, muy cerca del campamento, como si nos estuviera esperando. Hay que ver!!! Fotos, un café caliente y a dormir.

 

4-09-2010

Sonó el despertador a las 6.30 h. había que estar desayunando a las 7 para salir a las 7.30 h. en dirección a otra concesión que distaba del campamento a unos 80 Km., en busca de bleshbucks, que era el único animal que nos quedaba del paquete.

Una vez en la finca saludamos a Mike, que es quien  nos haría de guía en esa concesión. Enseguida nos montamos al jeep y nos pusimos al lío. Eran las 8.40 h. cuando salimos. Muy pronto vimos caza, ñus, red hartebest, y....bleshbucks!! Dejamos el coche y comenzamos a recechar. Era una manada muy grande, lo cual sumado a lo llano del terreno y la poca vegetación, y el aire muy cambiante en esta época del año en la zona, hacían del rececho una misión muy difícil. Unas veces porque nos veían, otras porque nos cambiaba y les dábamos el aire, otras por cualquier otra cosa, y así nos pasamos el día sin ni siquiera poder ponernos a una distancia de tiro razonable.

Intenté el disparo en un par de ocasiones, pero a una distancia muy larga, por encima de los 250 metros, y mi corta experiencia  hizo que les hiciera bajo, con lo cual, los fallé. Volvimos al campamento sobre las 18.30 h., hambrientos, sedientos, y desesperados por haber estado todo el día andando, recechando, pasando calor, y pinchándonos muchísimo ya que era una finca llena de acacias y todo tipo de vegetación eso si, con pinchos, y además con las manos vacías. En fin la caza es así, y en África, aun más.

 

5-09-2010

Desayunamos a las 7.30 h. para a las 8.00 h. salir Kobus jr. y yo en dirección a otra concesión distinta a la de ayer que estaba a unos 25 km. de nuestro campamento. Cuando llegamos nos recibió un hombre de color que parecía bastante simpático y agradable aunque aun no se ahora como se llama por lo raro que sonaba su nombre. Esta vez íbamos a cazar en una finca muy bonita, y con unos lofts espectaculares, incluidos jardines y piscina, sí, en medio de la sabana. Nos pusimos en marcha cuando pasaban pocos minutos de las 9 de la mañana. Nos dirigimos hacia un grupo de bleshbucks que habíamos visto desde el coche cuando entrábamos a la finca, y estaban acompañados de algún orix y ñus, lo cual hizo más difícil nuestra entrada. Intentamos darles un rodeo para que el aire no jugara en su favor. Nos colocamos a unos 300 mts., en una zona en la que había un pastizal bastante alto pero con poca vegetación con lo cual solo nos quedaba acercarnos otra vez arrastras  camuflándonos de vez en cuando en las hierbas más altas para descansar, así recorrimos unos 100 mts. hasta que nos colocamos dentro de una especie de matojo seco lo suficientemente grande como para camuflarnos y que los bleshbucks no pudieran vernos. Estaban inquietos, sabían que algo pasaba y no paraban de mirar en nuestra dirección. Yo estaba sentado entre las ramas, con el rifle apoyado en un tronco intentado buscar un buen ángulo de tiro, pero tantas ramas me lo impedían. Kobus, a mi lado intentado  descifrar cuál era el animal al que debía tirar. En una de estas, algo les asustó y salieron corriendo. Otra vez, un gran esfuerzo tirado por los suelos, y el mal sueño del día anterior sobrevolaba mi mente. Vuelta a empezar. Continuamos carrileando durante otro buen rato hasta que dimos con otros bleshbucks. Volvimos a hacerles la entrada pero esta vez fueron dos orix que los acompañaban los que les alertaron. Y vuelta a empezar. Esta vez vimos otra manada al borde de un camino, y estaban cerca. Kobus plantó el trípode detrás de un arbusto lo suficientemente grande como para taparnos. Había un macho grande en la manada pero siempre estaba tapado, a veces por una hembra, a veces por un pequeño, a veces se escondía y volvía a salir. Nos desesperaba el pensar que después de casi 2 días de trabajo los teníamos tan cerca, unos 70 o 80 metros, y no le podía tirar. Increíble! Así estuvimos durante varios minutos en que cada vez la tensión se iba incrementando, hasta que se metieron en lo espeso del bush, y los perdimos. No podía ser, no me podía estar pasando esto a mi, en mi primer safari y no iba a poder con en el bleshbuck...El día anterior me propusieron tirarles desde el coche, pero mi ética y moral automáticamente dijeron que no. Había venido a Africa a cazar, a cazar de verdad, de tu a tu, y si no podía con él, él se lo había ganado. He leído muchos relatos cinegéticos, y nunca había leído ni escuchado, que el blesbuck fuera un animal difícil y esquivo, pero a mi me estaba costando mucho. Mis ánimos otra vez empezaban a flaquear, psicológicamente estaba ya cansado, y físicamente estaba empezando a pasarme factura el dedo pequeño del pie izquierdo que me rompí en el mes de mayo, me lo resentía en cada paso que daba.

Nos adentramos por donde habían huido los animales. Al poco tiempo los vimos, iban andando en la misma dirección en la que íbamos nosotros, los llevábamos delante a unos 90 o 100 mts. Se pararon en un par de ocasiones mirando en nuestra dirección, como si temieran algo. Nosotros hacíamos lo mismo esperando nuestra ocasión, que al final llegó. Íbamos de subida por una leve pendiente hasta que los bleshbucks volcaron la cima. Fue entonces, cuando no nos podían ver, que emprendimos una carrera hasta llegar arriba para intentar sorprenderles o no perderlos de vista. Kobus iba delante y fue el quién les vio primero. Acto seguido les vi yo. Estaban andando todos en fila india en un claro bastante ancho y a una distancia de unos 100 mts., Kobus plantó el trípode, yo apoyé el rifle. Solamente esperaba a que me indicara cual era el que debía tirar, aunque no hacía falta porque destacaba por encima de los demás por el grosor de sus cuernos. Estaba cansado por la subida, pero había llegado el momento de la verdad, no podía permitirme fallarlo, por mi, por toda la espera y cansancio, y por Kobus por sus casi 2 días enteros de trabajo. Tenía la cruz dentro del animal, estos se pararon, pero antes de poder tirar lo tapó una hembra, ¡otra vez, era imposible, no podía ser! al momento como si hubiera hecho caso de mis pensamientos dio dos pasos a su derecha, dejando al descubierto el cuerpo de aquel animal. Estaba un poco de frente a nosotros, y puse la cruz del visor en el pecho. No podía dejarme llevar por los nervios, pero llegado ese momento la adrenalina corría por todas mis venas. Mi cuerpo, mis sentidos y mi mente estaban cazando. A eso había venido a Africa, y lo estaba sintiendo, lo estaba viviendo. No olvidaré nunca la imagen que tuve y como me sentí en aquel momento. Contuve la respiración durante unos segundos en los que solo sentía los latidos de mi corazón, rápidos, fuertes y contundentes. Disfrute de la caza como nunca antes de apoyar el dedo índice sobre el gatillo. Sonó el estruendo y vi como se desplomaba. El sonido del tiro rompió la paz de la sabana y la vida de aquel bonito animal. Gritos, saltos, ahora si, la adrenalina contenida brotaba por mis ojos casi en forma de lágrimas mientras me acercaba corriendo a contemplar el animal, mi bleshbuck, un precioso ejemplar, que nos había costado muchísimo, pero lance y el momento merecieron todos los esfuerzos del mundo. Eran las vueltas de medio día y volvimos al campamento, eso sí, después de hacer decenas de fotos, y  contentos por el resultado. Por la tarde estuvimos probando con los facos, pero sin suerte. Cenamos y a dormir. El día siguiente prometía.

 

6-09-2010

Una vez cumplido el paquete de antílopes que tenía contratado, le comente a Kobus, el intentar en los días que nos quedaban otro faco, pero sobre todo intentar dar caza a aquel precioso animal que desde que nos sorprendió el primer día detrás de los ñus me había quitado el sueño durante todo el safari. El antílope africano por excelencia, el príncipe de la sabana, el gran kudu.

Antes de que sonara el despertador a las 5.30 h. ya estaba despierto, y pasaban poco más de las 6.00 h. cuando ya estábamos con el rifle al hombro y andando. Era una mañana fría, y aunque después apretó el calor, a esas horas una bruma blanquinosa  cubría la sabana. No llevábamos más de una hora andado cuando un ronquido, o bramido interrumpió nuestra marcha al mismo tiempo que heló todo mi cuerpo. Era el gran macho de kudu del primer día, lo teníamos cerca pero no lo podíamos ver. Al momento, sentimos el estruendoso ruido que hizo al alejarse. Decidimos seguirle la pista, pero ya no pudimos verlo más. A las 14.00 h. volvimos al campamento para descansar un poco, llevábamos desde las seis de la mañana y solo habíamos parado 30 minutos para comer algo. Lo primero que hice fue quitarme las botas, tenía los pies maltrechos. Hacía poco rato que estábamos cuando Kobus bajo corriendo y me dijo que había visto al kudu desde el balcón del loft, y que solo distaba a 1 km. de aquí. Sin mediar palabra e inmediatamente salí corriendo hacia la habitación a ponerme las botas otra vez y coger el rifle.

Toda la mañana, casi 8 horas andando y pateando, y el gran kudu, estaba a 1 km. del campamento, manda h....! Nos dirigimos hacia donde el se encontraba, nos costó llegar porque dimos un pequeño rodeo por el aire, y porque íbamos con toda la cautela del mundo, intentando no hacer ni el más mínimo ruido, cosa muy difícil por la cantidad de hojas secas que había en el suelo. Pero otra vez nos ganó la partida, se escondió detrás de un sitio donde la vegetación era muy espesa, y no fuimos capaces de verlo y cuando lo teníamos muy cerca, casi encima salió corriendo y solo fuimos capaces de ver su espléndida cuerna desaparecer entre las matas, sin darnos ninguna opción. Le seguimos durante el resto de la tarde, pero nada. A última hora del día, estuvimos haciendo una espera a los facos, pero tampoco hubo suerte ya que hacía mucho calor y no volvieron a su encame. Solo nos quedaba un día. Podría cazar ese gran kudu? Esa fue la pregunta que estuve haciéndome toda la noche.

 

 7-09-2010

Diana a las 5.30 h, un café y a las 6.15 h. salíamos de caza en busca de nuestro kudu. Estaba dispuesto a andar, patear, sudar, padecer y todo lo que hiciera falta por conseguir mi kudu, era mi sueño desde que lo vi el primer día y no quería dejar pasar la oportunidad de estar en mi primer safari y no conseguirlo. Caminábamos por una zona cercana a donde vimos ayer al gran macho, cuando exactamente eran las 7.45 h., nos sorprendió por detrás de una zona muy cerrada sin darnos otra vez, ni la más mínima opción ni de verlo, ni de por supuesto tirarle. A las 16.30 h. vimos otro kudu, distinto al que buscábamos, pero también de buen tamaño, y decidimos hacerle la entrada. Estuvimos hasta que se nos hizo de noche, buscando y caminando sin hacer el más mínimo ruido, pero no lo conseguimos. Increíble. Me iba a ir sin mi kudu. Al día siguiente salía hacia casa, aunque por la mañana todavía tendríamos tiempo de hacer el último intento hasta las 10.00 h. de la mañana. 4 horas desde que amanecía. Habría suerte?

8-09-2010

Sonó el despertador a las 5.30 h. y ya estaba despierto hacía un buen rato. Me levanté de un salto. Era la última oportunidad, solamente teníamos cuatro horas porque debíamos de comer y salir hacia el aeropuerto, y en mi cabeza solo estaba el kudu. Comenzamos recechando en la misma zona que el día anterior. Kobus me explicó que son animales territoriales, y suelen vivir y estar en la misma zona normalmente. Al rato de andar, unos ñus que iban de paso nos sorprendieron. Nos escondimos para que no nos vieran y así no alertar la paz del campo por si nuestro kudu estaba cerca. Y ya lo creo que lo estaba. Cuando pasaron los ñus, seguimos andando y a no más de 20 metros, otra vez el berrido característico del kudu cuando está alertado dejó helado mi cuerpo, era aquel animal al que perseguíamos pero otra vez nos fue imposible tirarle. Le seguimos la pista por una ladera en dirección hacia donde había huido. Y lo volvimos a ver, esta vez si esta parado, de culo a nosotros, un poco de lado y con la cabeza girada hacia nuestra posición. Kobus plantó el trípode y apoyé el rifle, era la única y última oportunidad, miré por el visor y lo vi, era la primera vez que veía al gran kudu por la mira, pero no tuve tiempo de ponerle la cruz dentro cuando salió corriendo y se tapó. Nunca he visto un animal tan listo como aquel, ni tan bonito tampoco. Era impresionante, una preciosidad verlo correr entre la sabana. Intentamos seguirle otra vez y nos encontramos con otro buen kudu al que le hicimos un par de entradas ya a la desesperada, porque el tiempo se nos acababa, pero nada, tampoco pude tirarle, aunque no era tan grande como el otro, ya me valía.

 Volvimos al campamento sin nuestro kudu. Una ducha y hacia el aeropuerto. Siempre me acordaré de aquel gran kudu al que no pude cazar. Desde el primer día que lo vi cuando recechaba los ñus, que no pude dejar de pensar en él durante todo el safari. Un viaje increíble, por todo lo que me ha conllevado, por las circunstancias en las que lo he hecho, un sueño hecho realidad que espero algún día poder volver a repetir, encontrarme otra vez con el gran kudu, y poderme ver y sentir lo que un cazador solo puede sentir en el continente negro. Africa.

  Agradecer desde estas líneas a Carlos, de la compañía con su propio nombre, Carlos Mas Safaris, por la profesionalidad y paciencia que ha tenido conmigo, y por haberme ayudado a hacer realidad un viaje de ensueño, y a Kobus y su familia, su mujer Susan y Kobus jr., por el trato que han tenido conmigo, y porque ha sido un placer poder cazar con ellos, por lo bien que me lo he pasado y todo lo que he aprendido. Espero volverles a ver pronto. Grácias.

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